Contradicciones perversas

Comenzó por exterminar a grandes comunidades de su  territorio donde habitaban pacíficos indios; mantuvo una política de despojo a mano armada o valiéndose de distintas maniobras.

Y continuó ese andar pecaminoso hasta nuestros días sin importarle los sagrados derechos de otras naciones. Y empeñado en su objetivo robó, declaró guerras y cuanta fechoría internacional pueda concebirse.

Sus ideólogos llegaban a convencerse que Estados Unidos eran algo así como elegidos por Dios para liderar al resto del mundo y como tales llegaban, incluso, a lanzar bombas atómicas que mataron a cientos de miles en pocos minutos para demostrar su supremacía militar y así demostrar que no hay otra alternativa que obedecer al amo imperial.

Pero lo más curioso de todo su expediente de despojo es constatar cómo se erigen en los mayores representantes de los derechos humanos.

¡Señores del imperio, tiene que haber un límite al cinismo! ¿Cómo entender que es el mismo país que tiene la población carcelaria más grande del mundo; donde se enseñorea la cultura de la violencia; allí donde duermen debajo de los puentes cientos por carecer de pan y vivienda; lugar donde es lícito comprar armas tal si fueran aspirinas, incluyendo niños que las portan y disparan sobre otros niños de su escuela; el racismo mas desenfrenado y cruel?.

Y qué decir del gigantesco negocio de la droga que tienen los grandes capos de la ya famosa mafia de ese país; o de sus poderosos aviones de guerra que arrojan bombas sobre territorios a muchos miles de kilómetros de distancia, destruyendo incluso su patrimonio, su cultura y la vida de seres humanos inocentes.

El presidente Obama, en junio de 2016 dijo: «creer en lo excepcional de Estados Unidos, y lo hacía convencido en cada fibra de su ser», «quienes argumentan que Estados Unidos está en declive y perdiendo su liderazgo global, malinterpretan la historia», «Estados Unidos debe liderar el escenario mundial, si no lo hacemos nadie más lo hará», «usará la fuerza militar de manera unilateral si es necesario». 

Así son las cosas del imperio. Un ejemplo me viene a la mente: el bloqueo contra Cuba de casi 60 años de existencia.

En la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde  el mundo votó a favor de Cuba y a Estados Unidos no le quedó ninguna otra alternativa que abstenerse, pues ahora el nuevo emperador Trump quiere dar marcha atrás para insistir en que nos arrodillemos ante él.

Uno se pregunta ¿cómo se puede ser tan ignorante para desconocer  la madera de la que estamos hechos los cubanos?

Por favor, al menos no hablen más de derechos humanos. Señor Trump, Cuba no es una de sus propiedades en New York, ni tampoco uno de sus grandes casinos.

Somos amantes de la paz pero no limosneros de derechos. Haga un pequeño esfuerzo en medio de sus responsabilidades, y lea un poco al más universal de los cubanos, José Martí. De él encontrará dos de sus brillantes ideas. Trate de entenderlo. Si no lo logra, pida ayuda a alguno de sus asesores:

«Mal puede luego alzarse a hombre el que se educa como a siervo mísero»

«Los pueblos, como las bestias, no son bellos cuando, bien trajeados y rollizos sirven de cabalgadura al amo burlón, sino cuando de un vuelco altivo desensillan al amo»

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