Somos fuertes porque nos inspiran ideas humanas y justas

Y es estar conformado por grandes hombres y mujeres de la Isla es unos de los mayores méritos del Partido Comunista de Cuba (PCC), tal como afirmara el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, en la clausura la sesión diferida del III Congreso de esa organización, el 2 de diciembre de 1986.

“Por eso, nuestro pueblo se siente representado en el Partido” explicó Fidel al concluir el I Congreso del PCC en 1975, “se confirma así la gran verdad de que el Partido es el Partido de nuestro pueblo, y que nuestro Partido existe por el pueblo y para el pueblo”.

El PCC constituye desde su fundación vanguardia de las transformaciones que suceden en la mayor de las Antillas. Sus miembros se perfilan en los distintos centros laborales como horcones en la adopción de medidas y ejecución de proyectos.

Si bien, las regulaciones del Partido solo deben ser cumplidas por sus afilados, son precisamente estos últimos protagonistas e impulsores de organizaciones de masas como la Federación de Mujeres Cubana (FMC), Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP). Por tal motivo, sus criterios siempre son escuchados y tomados en cuenta ante cualquier directriz del Estado.

“Tenemos un Partido fuerte” que “se ha vertido hacia los problemas del país en un grado mayor que lo haya hecho nunca, y (…) se ocupa de muchos problemas de los cuales no se ocupó durante años.”, alertó Fidel en la última sesión del III Congreso del Partido.

Esta organización se analiza de forma autocrítica y corrige sus errores para mostrarse cada vez más fuerte. Así lo hizo durante su IV congreso, momento cumbre en que, apostando, por el derecho a la religión permitió que todos los revolucionarios, sean cuales fueran sus creencia, integraran sus filas.

“Pero tenemos un Partido, un solo Partido, como tuvo Martí un Partido, un solo Partido para hacer la Revolución”, recordó Fidel en Santiago de Cuba “ y es necesario que en ese Partido quepan todos los patriotas, (…) quepan todos los que quieren el progreso de su pueblo, todos los que defienden las ideas de justicia de nuestra Revolución, siempre y cuando, desde luego, aquellos que puedan tener alguna creencia religiosa acepten el programa y compartan todos los principios políticos y económicos de nuestro Partido, de todos los que participen de nuestra concepción socialista.”

Cada congreso del Partido ha sido escenario para valorar los avances y retos de una organización que defiende la libertad y dignidad del pueblo cubano. No podría ser de otra forma; solo así y acompañado de un pensamiento crítico y progresista, el Partido podría mantenerse como lo definió su primer secretario, el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro:

“(…) el digno heredero de la autoridad y la confianza ilimitada del pueblo en la Revolución y en su único Comandante en Jefe, el compañero Fidel Castro Ruz, cuyo aporte moral y liderazgo indiscutible no dependen de cargo alguno y que desde su condición de soldado de las ideas no ha cesado de luchar y contribuir, con sus esclarecedoras reflexiones y otras acciones, a la causa revolucionaria y a la defensa de la Humanidad frente a los peligros que la amenazan.”

La Revolución cubana y su grandeza descansan en la lealtad a los principios. Lo dijo Fidel en el I Congreso del PCC: “somos fuertes, y un pueblo unido, porque las ideas que inspiran nuestra lucha son las ideas más humanas y más justas”.

Años más tarde, Raúl también reconoció esta esencia, al afirmar: “La acción del Partido se fundamenta, ante todo, en el convencimiento que emana de sus actos y de la justeza de su línea política.”

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