La identidad cubana: la forja perpetua (VI) El canto de la libertad

Tales fueron las palabras de un patriota en la reunión del  4 de agosto de 1868 en San Miguel del Rompe. Se llamaba Carlos Manuel de Céspedes. Era  hacendado, poeta, maestro, ajedrecista, políglota… pero ante todo, cubano.

El 10 de octubre de 1868 sobrevino un campanazo a la conciencia nacional en La Demajagua, en el Oriente de la Isla. Ante una dotación de negros asombrada, Céspedes dio la oportunidad de dejar de ser esclavos y pasar a ser cubanos.

«Y no fue más grande cuando proclamó a su patria libre, sino cuando reunió a su siervos y los llamó a sus brazos como hermano», escribe José Martí sobre aquel momento decisivo protagonizado por Céspedes. Habla del ímpetu, del arrebato, de sus sueños heroicos, de la soledad, de la épica cespediana. (1)

Las acciones militares se sucedieron tras la proclama de libertad. El 18 de octubre estaban ya a las puertas de Bayamo y la guarnición española, capituló dos días después.  El pueblo de esa ciudad estalló en vivas y el himno «La Bayamesa» dejó escuchar sus compases… pero faltaba la letra.

El patriota Pedro Figueredo Cisneros (1819-1870) entregó seis estrofas para acompañar la marcha, aunque luego se escogieran solo las dos primeras como Himno Nacional.

Por tradición oral nos ha llegado que Perucho -tal como era conocido- hizo aquellos versos  montado en su caballo, pero más de un historiador ha considerado que en semejante circunstancia, debió  reproducir una idea ya concebida.

El 20 de octubre de 1868 fue entonado por vez primera y la fecha fue escogida como  Día de la Cultura Nacional (conmemoración con carácter oficial desde 1980).

Se habían unido excepcionalmente en una sola jornada, la poesía y la música a la decisión de libertad de todo un pueblo:

Al combate corred bayameses

que la patria os contempla orgullosa;

no temáis una muerte gloriosa

que morir por la patria es vivir.

En cadenas, vivir es vivir

en afrenta y oprobio sumido.

Del clarín escuchad el sonido,

¡A las armas, valientes, corred!

El momento resulta un crisol, o al modo de decir de la doctora Graziela Pogolotti, fue el día en que la nacionalidad entró cantando. Ya no habría más camino que la conquista de la independencia que había preconizado Varela.

Nota:

  • José Martí: «Céspedes y Agramonte», Obras Escogidas, Tomo II, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, pp. 234-236.

 

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