Preparados y alertas

Esta idea me parece asociada a la situación política actual de la hermana Colombia pues, como es conocido, se han dado pasos muy positivos por parte del Gobierno y las FARC-EP para desterrar la guerra definitivamente, tras tantos años de sufrimiento y muerte.

Ya se aprecia -aún cuando falta el plebiscito que se llevará a cabo en los próximos días- alegría por doquier, y no es para menos, porque nuestros pueblos ansían la paz permanente como única vía para barrer siglos de explotación, mansedumbre, y edificar, en su lugar, un mundo libre de egoísmos y antagonismos.

Soy optimista y creo que el pueblo colombiano dará el visto bueno al acuerdo de paz definitivo.

Sin embargo, me parece imprescindible no dejarnos llevar por la euforia y, con realismo, disponernos a observar todos y cada uno de los pasos que da el imperio con el posible objetivo de resquebrajar lo logrado; claro está, para salvaguardar sus intereses por encima de los del resto del mundo.

Al respecto, no debemos olvidar algunos elementos de juicio que, de algún modo, justifican lo afirmado: históricamente Colombia, como el resto de las naciones latinoamericanas, integra lo que Estados Unidos considera su traspatio; el llamado Plan Colombia que fue suscrito entre su gobernante de turno y Washington, da fe de la política depredadora imperial.

Existen 7 bases militares yanquis en su territorio, encubiertas para «luchar contra el terrorismo y el narcotráfico». Por supuesto, a estas alturas no creo que exista nadie que de por cierto tal propósito.

Muy por el contrario, eso sí, para evitar con metralla la insubordinación de los que considera lacayos, algo así como mantenerlos a tiro con el colimador activado permanentemente.

Por otra parte, el gobierno norteamericano, durante el desgobierno de Álvaro Uribe, le adjudicó a Colombia, el papel de gendarme de sus intereses para desatar conflictos con Venezuela y Ecuador, usando como pretexto la lucha contra las guerrillas.

Lo cierto es que de Estados Unidos y sus intereses en Colombia, se puede hablar mucho más, pero por el momento solo quiero llamar la atención acerca de algunos aspectos que merecen atención.

Veamos: «El imperialismo, históricamente, actúa en permanente vigilancia y, consecuentemente, adopta medidas encaminadas a revertir todo lo que aprecie como beneficio a los pueblos: se declaran en plena disposición combativa cuando los gobiernos hablan de alfabetizar, trabajar por eliminar el hambre, promover más educación, acceder a la cultura, y ¡oh, pecado capital!, pretender devolver al pueblo propiedades foráneas obtenidas bajo presión y chantaje Imperial. Porque, a sus efectos, deben combatir a esos gobernantes comunistas en nombre de la sacrosanta democracia».

Ahora se habla de paz en Colombia; pero no se nos olvide ni un instante, que la palabra PAZ les causa escozor a los promotores y amigos de la guerra; porque es ella la que produce ganancia y la paz no.

Creo que resta un camino por andar, pero no será, precisamente, de rosas, afirmación que no implica pesimismo, más bien realismo.

Emergerán nuevas fuerzas opositoras, entre ellas, posiblemente, partidos que luchen por todo aquello que disgusta a Estados Unidos; país que se verá en la obligación de aplastarlos a cualquier costo, en nombre de la libertad, la democracia, los derechos humanos y la lucha contra el terrorismo.

No son cosas de un gurú o brujo; es, simplemente, conocer un poquito la trayectoria del tigre. No obstante…

¡Viva la paz en Colombia!, pero no bajemos la guardia, PREPARADOS Y ALERTAS!

 

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