Qué era Cuba? (VI)

El objetivo debe estar muy claro: dialogar con ellos sin subestimar su inteligencia, sin colocarnos por encima, y, sobre todo, ser honrados con nosotros mismos, para no incurrir en falsedades, pues a la postre, ellos mismos la descubrirían.

En otras palabras, no se trata de inocular en sus mentes pensamientos en conserva y almidonados con la vana intención de convencer. Es, eso sí, la intención de brindarles herramientas para que ellos mismos puedan adentrarse en lo que fuimos y ya no somos.

Entonces, veamos un ejemplo de otro colonialismo que antecedió al yanqui. Me refiero a una medida criminal dictada por un siniestro gobernador español que se llamó Valeriano Weyler: la tristemente célebre Reconcentración que llevaba su nombre, ejecutada desde febrero de 1896 hasta el 30 de marzo de 1898.

Bárbara decisión que causó la muerte por hambre y enfermedades a entre 200 mil y 300 mil personas, provocando además el deterioro total de la agricultura que, en aquellos momentos, era el principal sostén de familias cubanas, sobre todo de territorios como Artemisa, Güines y Encrucijada.

En esencia, se trató de una política militar represiva adoptada por el mando español, aplicada para aterrorizar e impedir a todo aquel que de una u otra forma intentase ayudar a los insurrectos que tan bravamente combatían contra aquel opresor.

¿Cómo era la vida de los desdichados hombres, mujeres, ancianos, niños, y enfermos? La respuesta es terrible: mal vivían en barracones insalubres, carentes de las más elementales condiciones de vida, vigilados constantemente para que los reconcentrados no salieran del área de sufrir, cercada tal si fueran animales, alimentados de las sobras de lo que comían las tropas españolas. Era, en suma, espanto, agonía y crueldad; y al final la muerte inaudita.

Tanta era la afrenta que el Alcalde municipal del territorio de Güines decidió visitar al tenebroso Valeriano Weyler para exponerle las terribles condiciones en que se encontraban los reconcentrados en aquella villa, y solicitarle algunas raciones de alimentos para impedir que continuaran muriendo de hambre. Y aquel hombrecillo, enfermo de maldad contestó: «¿Dice usted que mueren de hambre? Pues, precisamente para eso hice la reconcentración».

Créame, el mal no descansa. Ayer fascismo, colonialismo, intervenciones yanquis; hoy neoliberalismo, golpes blandos, desestabilización de gobiernos, guerras para continuar dominando pueblos, derrumbe de culturas milenarias, terrorismo, las armas como religión, acoso a países de economías llamadas emergentes, mando supremo empeñado en ser único valedero para desgracia de esta humanidad. En fin…un cuadro dantesco del mal.

Entonces unirnos es la palabra de orden para combatirlo. Evadir es la muerte segura, luchar es la única solución.

Finalmente, me permito sugerir a los jóvenes que, por favor, no dejen de leer con el máximo detenimiento «Yugo y Estrella», esa obra poética extraordinaria de nuestro José Martí. En ella encontrarán la esencia de lo que he comentado.

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