Voladura de La Coubre, inicios de la guerra contra Cuba

Uno de los requisitos para el éxito de esos planes, los cuales incluían la agresión militar mercenaria de Playa Girón, era impedir que el ejército cubano y sus milicias siguieran recibiendo los fusiles FAL considerados los mejores de su época y municiones belgas, de acuerdo con contratos de compra firmados con ese territorio desde 1959.

En la mañana del viernes cuatro de marzo de 1960, el vapor francés La Coubre se encontraba atracado en el puerto habanero, del que obreros descargaban un envío de armas y municiones belgas.

Poco después de las tres de la tarde explotó La Coubre sorpresivamente para cundir la alarma en toda la ciudad e iniciar el auxilio de los heridos, el rescate de los restos de las víctimas hasta que una segunda explosión más poderosa que la anterior ocasionó la mayor cantidad de muertos.

El vil sabotaje se llevó la vida de más de 100 trabajadores y combatientes, incluyendo seis marinos galos, y causó centenares de heridos.

El propio líder Fidel Castro y demás altos dirigentes se presentaron en el lugar y solo por minutos de diferencia no coincidieron con la segunda detonación, programada evidentemente para descabezar la Revolución, teniendo en cuenta que estar en la primera línea de los acontecimientos y del enfrentamiento en esos difíciles tiempos era una práctica inalterable inspirada en el ejemplo del líder cubano.

Las autoridades lanzaron desde aeronaves cajas de municiones y granadas que venían en la embarcación, sin que estallaran como explicó Fidel en su discurso en el entierro de las víctimas, lo cual evidenciaba que había ocurrido un sabotaje hecho por la CIA y sus cómplices mientras el barco se encontraba en Europa, probablemente al instalar un artefacto explosivo en alguna caja de municiones que se activó cuando fue movida.

Hasta el momento, el gobierno norteamericano y su comunidad de inteligencia se han negado a desclasificar documentos sobre el suceso.

No obstante, existen pruebas que implican a la dictadura de Leonidas Trujillo en el hecho y al menos el conocimiento de los planes por funcionarios estadounidenses en el crimen.

Según una nota secreta, enviada a R.R. Rubottom, secretario asistente de Estado para los Asuntos Interamericanos, el entonces embajador norteamericano en República Dominicana, Joseph S. Farland, le informaba el 25 de marzo de 1960 que “ a través de una fuente militar se había podido confirmar que Porfirio Rubirosa, ex oficial del ejército, era uno de los que estaba detrás de los acontecimientos del barco francés”.

Asimismo, refería que por otra fuente se conocía que el reciente viaje a Bélgica del general Espaillat, exjefe del Servicio de Inteligencia Militar de Trujillo, había sido con el propósito de “crear los mecanismos de sabotaje”.

Desde La Habana pocos días después Emile Rosieer, embajador de Bélgica, en un informe a Pierre Wigny, ministro de Relaciones Exteriores de ese país, realizó las valoraciones siguientes:

“Todo el mundo, de hecho, está convencido de que la doble explosión es el resultado de una maniobra de sabotaje. Es la opinión tanto del hombre en la calle como la de los testigos inmediatos”.

Y sobre la implicación directa de Washington expresó:

“(…) no se puede negar que esta responsabilidad no queda completamente descartada, en la medida que los EE.UU. toleran en su territorio las actividades de ciertos cómplices de la antigua dictadura”.

De todas formas, la mayoría de las armas convenidas llegaron al país y los miles de fusiles FAL fueron muy efectivos en manos de los combatientes revolucionarios que derrotaron la invasión de Playa Girón, primera derrota del imperialismo en América y acabaron con los alzamientos contrarrevolucionarios y el crimen.

Lejos de atemorizar, ratificó la decisión del pueblo de hacer valedera la consigna de Patria o Muerte, expresada por el líder Fidel Castro en la despedida de los caídos.

Leer mas

Un crimen que sigue impune

 

 

Autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.