JOEL JAMES: Cuando entrevistas a un roble…

Cuando invité a Aníbal Joel James Figarola a la revista vespertina Imagen, en la emisora CMKC, casi al expirar la década de los noventa, sabía perfectamente con el carácter que trataría. Parte de aquellas ideas habían sido expresadas, de manera prístina, en libros como Vergüenza contra dinero, El Caribe entre el ser y el definir, Cuba: la gran Nganga y El caballo bermejo.

Del 10 al 13 de enero se celebrará el XVII Coloquio Joel James in memoriam, convocado por la Casa del Caribe, de la que fue director-fundador. El 13 es el natalicio de uno de los grandes pensadores cubanos de la última centuria. Ningún mejor momento para recordar aquel diálogo que sostuvimos frente a los micrófonos, francamente retador, recio, inolvidable.

Me juré que no interrumpiría ninguna de sus ideas. Una entrevista ―aunque siempre sigue ciertas reglas―, no se hace para escuchar lo que quieres, se hace para intercambiar con lo que la persona necesita expresar.  “La belleza no esté en la apariencia, sino únicamente en la verdad”, había dicho Gandhi.

Conducía entonces lo que se daba en llamar “la entrevista principal de la semana”, y aquello se anunciaba… con bombo y platillo. No basta haber hecho mil entrevistas, cada una te asoma a un universo diferente, cada una lleva lo suyo propio. No es la alternancia de preguntas y respuestas: entrevistar es tocar. El que las haya hecho alguna vez, lo sabe. Es un desafío.

La concepción del espacio planteaba cuatro momentos para el diálogo. Se procuraba un suspenso para enlazar el siguiente tiempo.  Lamentablemente, no podré reconstruir la conversación sostenida con Joel, palabra por palabra, porque no se pudo grabar; empero guardo algunas frases, clavadas en la memoria, como si ahora mismo lo tuviese delante.

Joel James llegó esa tarde al estudio con la sinceridad al filo, con una caneca de ron en la mano. ―¿Quieres?―, me dijo. Yo consideré una descortesía rechazarlo, de ninguna manera podía agraviar a mi entrevistado… y me empiné aquel trago. Esto había comenzado fuerte.

Recuerdo que nos enrumbamos hacia las ideas del cubano más universal. La Editorial Oriente había publicado en 1997 su libro José Martí en su dimensión única. Reunía seis ensayos que yo había devorado. No por gusto tomaba  como inspiración la siguiente frase martiana: “Vengo de días históricos y sigo en ellos (…) Mi fe en la estabilidad y la gloria de nuestra nación es absoluta”. Esa fe también la tenía la tenía Joel y por ella y en ella, entregó su vida.

En el volumen, el autor remarcaba la futuridad palmaria de nuestro Héroe Nacional. ¿Cuánto se parece la sociedad cubana actual a la sociedad que soñó Martí?, le solté. Joel se removió en su asiento y allá sobrevinieron sus palabras tremendas: “Está a años luz… Hay mucho corrupto todavía por ahí…”.

El Festival del Caribe fue otra de las interrogantes. Y ahí repasó anécdotas, vivencias, utopías verdaderamente hermosas; pero en un momento subió la voz: “Te voy a decir algo…  yo no tengo un kilo del Festival del Caribe, el Festival me ha dado muchas satisfacciones, pero ni un kilo, para que no haya equívocos. Me han dado palos de izquierda y de derecha, pero nunca me he quitado mis botas de combatiente”, remarcó.

¿Qué puede decirse a un entrevistado así?, ¿Cómo terciarle?  Recordé al maestro de los coros, Electo Silva, que decía ―medio en broma, medio en serio― que Joel hablaba popular y pensaba culto.  Y me aparecí con aquello que luego escribí: Joel James posee un carcaj de flechas inagotables, pero el brazo que empuña el arco es el de un cubano mayor.  Y lo mejor es su estirpe, en eterno combate contra lo mal hecho.

El final de la entrevista, ya fuera del micrófono, llegó como mismo empezó, con un sorbo de ron. Su mano se posó en mi hombro antes de bajar las escaleras, como un padre lo hace con un hijo.

Durante mucho tiempo me inquietaron en la memoria aquellos minutos y acabé trazando la crónica que ahora mismo RADIACIONES le propone. A un CLIC…

Autor

  • Reinaldo Cedeño Pineda

    (Santiago de Cuba, 1968) Licenciado en Periodismo (1991) y Máster en Comunicación Social por la Universidad de Oriente (2004). Recibió la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro (2021) por la obra de la vida. Alcanzó el premio de los concursos nacionales de poesía Hermanos Loynaz (2011) y Regino Pedroso (2014). Premio Latinoamericano de Crónicas (Portal Nodal Cultura, 2016). Entre sus libros: A capa y espada, la aventura de la pantalla (2011), Poemas del lente (2013), La noche más larga. Memorias del huracán Sandy (2014), Ser periodista, ser Quijote (Ediciones La Luz, 2019) y Las pequeñas palabras (2019). Miembro de la UPEC y de la UNEAC. Actualmente es realizador de la emisora Radio Siboney.

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