¿Cómo se llama la obra?
Sube el telón. Un dramaturgo crea un grupo en Facebook y allí comienza a articular un «movimiento». ¿El fin? Convocar una marcha «lícita y pacífica» para protestar por cosas muy nobles y entrañables, como la libertad, la justicia, la prosperidad… Gana muchos adeptos en las redes sociales. La gente empieza a compartir sus publicaciones, comienza a tener muchos likes, se habla de él. Ya líder del «movimiento», hace su «jugada maestra»: pedir autorización a los decisores para que permitan la marcha. Quizá pedir no es el mejor término; más bien exigir. Es una situación de ganar-ganar, da igual si el gobierno la permite o no. No hay derrota posible.


Las redes “sociales” y sus algoritmos, utilizados como drones teledirigidos por las fuerzas del imperio, intentan lograr al peor estilo de Joseph Goebbels que las mentiras tantas veces repetidas se conviertan en verdades. Esto de intentar vulnerar a guayabazo limpio las neuronas hoy ansiosas del pueblo cubano, o al menos de una parte de este, es otro intento de una política fallida.
A la rosa blanca de José Martí, la que ilumina los Versos sencillos, no hay quien pueda mancillarla. Es la f
En franca contradicción con las recientes declaraciones del presidente Biden ante la Asamblea General de Naciones Unidas, de favorecer el multilateralismo y cooperar en la lucha contra la pandemia a nivel global, hacia Cuba se arreció el bloqueo, se dictaron nuevas sanciones y se puso en marcha un nuevo programa de desestabilización que cumple al pie de la letra el manual del “golpe blando”. (…)
Entrevista exclusiva de JR con Carlos Fernández de Cossío Domínguez, director general para Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores