Fidel Castro y el Golpe de Estado de Fulgencio Batista (I)
Al iniciarse la década de los años 50, en la pasada centuria, Cuba vivía una época caracterizada por la desmoralización del gobierno auténtico, encabezado entonces por Carlos Prío Socarrás. La situación era caótica, la corrupción se había generalizado por parte tanto del Presidente como la de sus ministros y otros dirigentes políticos.


El pasado jueves 16 de julio el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, pronunció el discurso de clausura de la sesión extraordinaria del Consejo de Ministros, en la que fue aprobada la Estrategia económico-social para el impulso de la economía cubana y el enfrentamiento a la crisis mundial provocada por la COVID-19.
Niños adorados, sublimes, de encanto, de promesas, de sonrisas divinas; niños de allá, o de más acá, o de otro lugar; niños que con su inocencia subyugan, alivian y median entre lo oscuro y lo brillante para que continúe triunfando el bien, y la vida, y el futuro.
Cuando el país transita por diferentes fases de la etapa de recuperación y la mayoría de sus provincias mantiene en cero la circulación del virus, se mira con luz larga para comenzar a implementar una estrategia económica y social para nuestro desarrollo, de enfrentamiento a una situación de crisis internacional prolongada.
Que viene de muy lejos, de allá cuando un “elegido” le arrancaba la vida a un indio cumpliendo un designio divino porque lo veía tal si fuera un animal que le entorpecía sus anhelos de dominación y grandeza; también tiempo de tabernas con mucho whisky y pistolas donde estaba autorizado matar porque el sheriff del pueblo era el principal bandido.