Respuestas programadas

A tenor con tales análisis se elaboraran diferentes variantes, tanto para la defensa como para el ataque. Se trata de opciones militares profesionales acordes con la doctrina militar del Estado que, en la medida de las posibilidades se modelan, ensayan y actualizan hasta alcanzar la perfección; todo ello en consonancia con los cambios en las situaciones políticas y militares, la introducción de nuevos armamentos y materiales para las fortificaciones, los blindajes y los proyectiles.

En tiempos normales esa constante, sistemática y enorme actividad que ocupa a millones de hombres y cuesta miles de millones de dólares a países ricos y pobres, es conducida por las cúpulas castrenses que preparan opciones que deben estar disponibles en el momento en que se desarrolle una situación que requiera la intervención militar. Sobre esa base los gobiernos toman las decisiones políticas correspondientes.

En el pasado remoto cuando la información fluía lentamente, la exploración estaba limitada al alcance de los catalejos y binoculares y el trabajo de inteligencia era operativamente y estratégicamente poco relevante, las variantes militares eran menos complejas, la planificación de las acciones combativas se reducía a cálculos más o menos elementales y las decisiones dependían de la intuición de los comandantes y la sagacidad de los líderes políticos.

Durante la Guerra Fría, después de que en 1949 la Unión Soviética alcanzó la paridad nuclear y aparecieran los cohetes balísticos intercontinentales, se creó un entorno estratégico basado primero en la doctrina de “Destrucción mutua asegurada” que actuó como un disuasivo que evitó la III Guerra Mundial, librada con armas atómicas, que hubiera sido la última.

En aquel contexto no existían alternativas a un ataque nuclear de una superpotencia contra la otra, todo se reducía a apretar el botón nuclear y rezar mientras los cohetes cargados de ojivas nucleares viajaban hacía los centros vitales de Estados Unidos, la Unión Soviética, Europa y Asia.

La desaparición de la Unión Soviética, el fin de la Guerra Fría y la degradación de Rusia en el plano militar dieron paso a la unipolaridad; un proceso mediante el cual Estados Unidos se ha dedicado a la construcción de una hegemonía mundial.

La hegemonía mundial significa la imposición de su modelo político que no tiene que ser idéntico en todas partes, sino simplemente compatible u homologable y requiere además del control de recursos estratégicos. No hay manera de que Estados Unidos imponga su dictadura al mundo sin disponer de las principales reservas de petróleo y otros materiales estratégicos; así como de lugares y zonas vitales.

Controlar las reservas de petróleo, agua, uranio, coltan y otros materiales, no significa necesariamente ocupar y gobernar a los países donde se encuentran, sino asegurar de que en esas naciones el poder sea ejercido por fuerzas políticas afines y obedientes.

A Estados Unidos les importa un comino que en Irán gobiernen los ayatolas y Ahmadineyad o que lo hagan socialdemócratas de perfil liberal. Lo que hace inaceptable para ellos la actual situación es que se trata de fuerzas capaces de desafiar la hegemonía norteamericana en una región estratégica vital como el Medio Oriente, donde se encuentran las tres cuartas partes del petróleo existente en el planeta.

Según el punto de vista de Fidel Castro, bajo ningún concepto Estados Unidos permitirá que esa situación se mantenga y mucho menos que se consolide con la aproximación de Irán a capacidades tecnológicas que le permitan enriquecer uranio y acercarse a la posesión de armas atómicas.

Según Fidel la decisión de impedir que Irán asegure sus posiciones, aumente su poderío militar y consolide su influencia política en la región están tomadas, es ahora y las respuestas están programadas. El día y la hora resulta irrelevante; puede ser en cualquier momento, más probablemente en el instante en que los buques iraníes comiencen a ser inspeccionados. Ese pudiera será el punto de no retorno y probablemente el otro día “D”. Esta vez infausto.

Ojalá aparezca en el horizonte una mente y una voluntad con el poder, el talento y la sensibilidad necesarias para desactivar el contencioso y permitir a los militares continuar sus juegos de guerras sobre los mapas, en los polígonos y en las mesas de arena.

 

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