El cirujano de la ciudad

Todavía realiza tareas igualmente útiles, como las de ayudar a estudiantes y jóvenes galenos y favorecer con su experiencia líneas de investigación en los distintos centros de salud en Matanzas.

Es considerado Maestro de maestros. Varias generaciones de médicos matanceros se formaron y crecieron escuchando y aprendiendo de su obra. Para colmarlo de elogios, algunos colegas aseguran que la cirugía en la provincia debiera escribirse con J.

El cirujano cumplió por estos días 90 años de edad, rodeado del afecto de su familia y satisfecho por las pruebas de admiración del pueblo y sus innumerables pacientes. Un cubano definitivamente patriota, de aquellos que al triunfo del 1ro. de enero de 1959 decidieron no encorvar el espinazo ante la prebenda imperial, y echaron su suerte con los suyos y la Revolución naciente.

Un hombre noble, pero tenaz y resuelto, que demostró su firmeza desde muy joven. Al evocar aquel momento de definición recuerda que le prometieron todo tipo de ascensos y honores.

“Me invitaron a escoger el lugar y el momento para empezar a trabajar en una reconocida clínica de Miami, pero nunca siquiera pensé en la posibilidad de abandonar mi país”, sostuvo Font Tió.

Otro notable profesional de la salud, el doctor Guillermo Fundora, resalta en Julito Font su limpieza en el ejercicio del oficio y su apego a los principios patrios y a la Revolución. Pudo haber atesorado fortuna fuera de Cuba, pero tuvo la honradez y la valentía de quedarse para defender su propia causa, algo digno de elogio.

Julito se desempeñó por décadas en varios hospitales de la ciudad de Matanzas, y los especialistas y residentes aprovechaban su presencia en el salón para seguir con mirada atenta las intervenciones quirúrgicas de mayor envergadura que él asumía con destreza. Resulta significativa además su misión internacionalista en Angola por espacio de cuatro años.

Aunque ostenta altas categorías y grados científicos y ha sido merecedor de innumerables reconocimientos, como me­dallas y distinciones, conserva con especial cariño el Premio Nacional de Pedagogía, que le fuera otorgado en el 2010. «Eso me hizo muy feliz», dice orgulloso.

Entre los tantos pasajes y momentos cruciales como profesional, hay uno que no olvida, que relata en buena medida el papel de la medicina cubana en los días de Playa Girón. Son recuerdos que afianzan sus principios revolucionarios.

La invasión mercenaria no hizo vacilar al personal médico y paramédico de la Isla. Enseguida hicieron saber su determinación de cumplir su misión en aquellas condiciones desfavorables. A Julio Font lo ubicaron en el pequeño hospitalito de Jovellanos, donde atendieron a muchos de los heridos en los combates.

Recuerda que en el puesto de Jovellanos concibieron dos salones de cirugía, y en interminables jornadas en el quirófano realizaron operaciones de gran riesgo.

La dureza del ya experimentado galeno flaqueó cuando trasladaron el cuerpo del miliciano Nelson Fer­nán­dez. La metralla le había traspasado el abdomen a aquel adolescente de apenas 14 años de edad, y que desde su puesto de artillero se fajó a tiros con la aviación mercenaria.

«A pesar de que hicimos hasta lo imposible no pudimos salvarle la vida. A los cinco o seis días falleció como consecuencia de una gangrena gaseosa postraumática. Se decidió traer sueros antigangrena desde el exterior, pero fue en balde. Sentimos una rabia tremenda», recuerda con tristeza.

“Esas historias, como las de Nelson Fernández, caído heroicamente en Playa Girón, debieran conocerla al dedillo las nuevas generaciones. Ese ejemplo moral fortalece a la Revolución y no debe quedar en el olvido. Hay que contarlas una y otra vez”, insiste el eminente médico matancero Julio Font Tió, considerado con razón como el cirujano de la ciudad y, sin dudas, ubicado en un sitial de lujo en la historia de la medicina cubana.

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