Entonces, hicimos patria

Desde que se llegaba a la cuadra donde radica esta personalidad de nuestra cultura, ubicada en el municipio habanero de Marianao, específicamente en 84-A entre 41 y 43, se hacía evidente la trascendencia de este hombre de la radio para haber decidido celebrarle su cumpleaños 85 como se merece: junto a sus familiares, junto a sus vecinos.

Este acto para refrendar el reconocimiento alcanzado por el prestigioso humorista, no podía tener mejor escenario que el montado frente a la puerta de su casa, junto a su pueblo, al que le dedicó su pensamiento durante más de cinco décadas en los libretos del emblemático programa Alegrías de Sobremesa, por Radio Progreso.

Hablar de Alberto Luberta, es hacer referencia a un intelectual consecuente con la enorme responsabilidad que encierra el significado de esa entrega cotidiana a su profesión durante tanto tiempo, acción que le ha otorgado el privilegio de ser sumamente querido, precisamente por su decisión de hacernos sonreír al mismo tiempo que nos hace sentir más cubanos.

Hablar de Alegrías de Sobremesa, es mucho más que la referencia obligada a uno de los programas de mayor audiencia en la historia de la radio nacional.

En realidad, se trata de una plataforma cultural por cuyos micrófonos ha pasado la crema y nata tanto de nuestros artistas como de nuestros músicos al igual que de nuestros locutores, como es el caso del inolvidable Eduardo Rosillo.

De entre los nombres legendarios del elenco dramático del programa, recordemos los de Agustín Campos, Idalberto Delgado, Edwin Fernández y Marta Jiménez Oropesa, figuras representativas de verdaderos ídolos populares quienes al recrear los libretos del sano humorismo costumbrista escritos por Luberta, encontraron una oportunidad de entre tantas otras, pero en este caso francamente especial, para construirse el sitial de honor que ocupan en la memoria colectiva de una nación.

Otro tanto ocurre con Hilario Peña y Jorge Luis Herrera al compartir diariamente la salida al aire con otros paradigmas de la actuación como Diana Rosa Suárez, Mario Limonta y Aurora Basnuevo en el encomiable empeño por conservar con la frescura necesaria, el aliento vital de tan enriquecedor legado.

Si los chispeantes diálogos entre Limonta y Aurora, provocaron una contagiosa alegría por esas carcajadas que no querían abandonar al rostro de la multitud allí reunida, esta fiesta de la cubanidad tuvo como complemento imprescindible, una muestra de lo mejor de la música cubana que tiene a Radio Progreso, que tiene a Alegrías de Sobremesa como el centro fundacional de sus éxitos.

Nos referimos a la Charanga Eterna: La orquesta Aragón. De nuevo los muchachos de Rafael Lay hacen trizas aquellos comentarios de que la música de dicha agrupación, a estas alturas, ya solo interesa a los mayores de edad, cuando en realidad vimos moverse al ritmo de sus clásicos, a todo el mundo, incluso hasta a una joven que tenía cargada a su perro.

Por su parte, la presencia de la décima campesina a cargo de Emiliano Sardiñas y del trovador Tony Avila aportaron momentos de emotiva intimidad dedicados al maestro.

Quien al leer estas líneas, se lleve la impresión que se trató de una actividad formal de puro compromiso por celebrar el cumpleaños de Luberta, sencillamente no ha entendido nada.

Como en pocas ocasiones, la llegada de la noche, trajo consigo una magia que hechizó a todos los artistas. Nadie quiso ocultar el deseo de entregarse al máximo, puesto que era obvio.

Semejante voluntad expresa, nos hizo respirar una placentera atmósfera de felicidad, nos permitió compartir una relajante sensación de bienestar, sensación de esas que se convierten en los recuerdos imperecederos de nuestras vidas.

Una vez concluido el espectáculo, es que nos percatamos que este momento de absoluta satisfacción espiritual al que hacemos referencia, estuvo marcado por el signo del cariño, por el agradecimiento y por la admiración que profesamos a ese gran ser humano que tanto nos ha entregado.

En una ocasión, el poeta Cintio Vitier reflexionó en torno al significado de la patria, escrito del cual escogemos un fragmento: «La patria es algo por lo que un hombre es capaz de morir y también ese algo que está en un pequeño sabor y en un gran combate. Es el dulce de guayaba y la Batalla de las Guásimas. La patria es algo mínimo y máximo».

Entonces en este sencillo, pero sentido homenaje que se le ofreciera a Alberto Luberta, hicimos patria.

 

 

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