Frecuencia 90.5, música y compañía

En aquel entonces, la instrumental de Santiago de Cuba tenía ante sí una oportunidad y un reto: hacerse un espacio en el panorama radial cubano y santiaguero que ya contaba con emisoras establecidas y preferidas por los oyentes. Para lograr una audiencia, tenía 19 horas para su transmisión, con otra peculiaridad que hasta hoy se mantiene: la programación totalmente en vivo.

La locución fue – y sigue siendo- otra de sus particularidades. Voces exclusivamente femeninas y un ritmo sobrio, pausado, distinguirían el hacer de la CMDV, que en un inicio solo contaba con la realización de la locutora y el operador de sonido, ambos en un mismo cubículo de transmisión.

En el año 1983, luego de varios procesos de transformación, se independizó de su hermana mayor Radio Mambí, y asumió una dirección propia. Años después pasaría a ocupar el edificio en el que hoy radica, en la calle 8 del reparto Sueño, y cuyos pasillos comparte con la CMKW. A partir de ese momento tendría su propio estudio máster, con cabinas separadas para locutora y el operador de sonido. Luego contaría con un espacio para la edición, el equipo de periodistas, los directores y asesores, y el resto del personal de apoyo.

Así ha llegado la CMDV hasta nuestros días. Cada amanecer, desde las seis de la mañana, los acordes de Siboney, la emblemática composición de Ernesto Lecuona, marcan la apertura de la planta. A esa hora, la voz de una de sus locutoras titulares, Kenia María, nos recuerda que en la frecuencia 90.5 tenemos música y compañía.

El custodio que termina su jornada laboral, la ama de casa que prepara el desayuno antes de que despierte su hijo, el abuelo desvelado y el chofer que apura el buche de café agradecen esa anónima compañía de casi medio siglo. Por eso cada madrugada buscan en el dial esa voz que les recuerda que nunca estarán solos.

 

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