La entrevista nunca es una meta

Sobran los ejemplos para demostrar que si existe sustrato cultural, es posible entregar productos dignos y realizar entrevistas de ley.

La entrevista se aparece como la estrella de la pantalla y el micrófono. Sin embargo, hay tantos diálogos inflados, insulsos, repetitivos… pasando por entrevistas que es dable recordar algunos principios extraviados, casi verdades de Perogrullo.

Si al rostro agraciado o a la voz cálida, no le acompaña un verbo ágil y una formación sólida, comienza a confundirse el oro con el oropel. El desconocimiento lleva a la falta de jerarquía y esta va de manos de la irreverencia y la frivolidad.

Un entrevistador es un puente, un punto de equilibrio. La empatía entre el que pregunta y el invitado suele ser vehículo para lograr un ambiente comunicativo; pero la conversión de esta atmósfera en el elogio mutuo, como tantas veces hemos visto, todo lo rebaja.

La entrevista es una experiencia personal con preguntas individualizadas. Una que puede ser válida en un caso, no es la apropiada para el siguiente. En algunos espacios los invitados pasan uno tras otro, cual si asistiéramos a un desfile, y naturalmente, las consecuencias no se hacen esperar: entrevistas epidérmicas y apremios de tiempo.

El desdoblamiento de actores, locutores, colaboradores, músicos… en entrevistadores, es un acto de responsabilidad. A veces, lamentablemente, también de irresponsabilidad.

Entrevistar es un arte exigente que requiere de altura intelectual que merecería la máxima atención  de directores de programa y de asesores. No se va a una entrevista a enterarse de lo que hizo la persona, sino a compartirlo. Es uno de los errores más comunes, que revela las carencias del entrevistador. Merecería azotes aquel entrevistador que nos hace perder el tiempo.

Solo cuando el entrevistador pisa terreno firme, se aleja la ligereza, se logra rescatar el diálogo de lo mismo de siempre, de las «preguntas comodines» que le caben a un jardinero y a un cosmonauta.

Ningún entrevistado  es superior, cada vida tiene su propio misterio. Una entrevista no es un relleno ni una meta a cumplir. Es siempre una oportunidad

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