Hiroshima y Nagasaki: a 65 años de un holocausto

El Enola Gay, bombardero norteamericano, dejó caer la Little Boy, primer artefacto nuclear de uranio enriquecido, que de primer momento segó la vida de centenares de miles de seres humanos. Aquella bomba que pesaba 4 toneladas estalló con una fuerza comparable a casi trece mil toneladas de explosivos. ¡Reinaron los escombros! Las secuelas llegan a nuestros días, a más de medio siglo de tan horrible crimen.

Al tercer día – 9 de agosto – en otra ciudad, esa vez la también portuaria Nagasaki en el mismo país nipón, fue la Fat Man de plutonio la encargada de provocar otro desastre parecido al anterior. De nuevo la catástrofe material y su mortífera consecuencia se enseñorearon de otro indefenso conglomerado humano.

Han pasado 65 años de aquellos patéticos acontecimientos, tiempo que el mundo ha vivido con el peligro latente de otro desenlace de mayores proporciones. Actualmente la capacidad destructiva de las nuevas bombas, más sofisticadas y de mayor alcance que aquellas, pudiera perfectamente destruir 10 o 15 veces la vida del planeta.

Hace más de 20 años que concluyó la llamada Guerra Fría, el tan históricamente sugerido conflicto Este-Oeste que mantuvo en vilo la existencia humana, a expensas de la primera aparente amenaza de ataque o del igualmente probable – ¡y posible! – error humano. Sin embargo, las amenazas de un nuevo desenlace nuclear hoy son mayores que entonces.

Las posiciones de fuerza, los imperativos por acaparar y controlar las reservas energéticas del mundo y el control geopolítico, ponen al mundo al borde de un cataclismo de trágicas y predecibles consecuencias. Las víctimas de Hiroshima y Nagasaki nunca imaginaron la magnitud de la desgracia que les fue encima ni su prolongada secuela. Lo diferente es que el mundo actual sí sabe qué ocurriría de repetirse otro nefasto acontecimiento. A más de medio siglo de las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos sobre suelo japonés, el hecho se convirtió rápidamente en noticia; hoy es historia. Otra diferencia: Si algo similar aconteciera, apenas sería noticia y mucho menos llegaría a convertirse en historia.

Un nuevo conflicto nuclear sería el fin de la vida en el planeta, el tétrico final de las especies, comenzando por la humana. Para entonces no habrá quien pueda contar lo que sucedería, ni habría más bombas atómicas que lanzar, ni más amenazas bélicas. Lo que hoy es el mundo, tal como lo conocemos, dejaría de serlo; imperaría el silencio del no-ser, extinguidas finalmente las coordenadas espacio-temporales. No habrá más pobreza, ni más riqueza. No existirán sueños porque no habrá quiénes para soñarlos.

¿Podrá aceptar el raciocinio semejante suicidio global? Sin embargo, las tensiones contra Irán y el norte de la península coreana, de consumarse los presagios de conflicto, pudieran llevarnos, por desgracia, a la hecatombe planetaria. Y todo por la ambición.

Como señaló Fidel en su reflexión del 3 de agosto, refiriéndose a un libro del teólogo brasileño Frei Betto: “Hoy están amenazadas todas las formas de vida en el planeta, incluso la humana (2/3 de la población mundial sobreviven por debajo de la línea de pobreza) y la misma Tierra. Evitar la anticipación del Apocalipsis exige cuestionar los mitos de la modernidad -como mercado, desarrollo, Estado uninacional-, todos ellos basados en la razón instrumental.” (1)

Días antes, el 30 de julio de este mismo año, Fidel en su Mensaje a los Jóvenes expresó: “…Me he preguntado muchas veces: ¿Por qué tienen que morir nuestros niños y nuestros adolescentes? ¿Por qué tienen que morir nuestros jóvenes? ¿Por qué tienen que desaparecer las inteligencias donde tantas virtudes podrían sembrarse y cultivarse? ¿Por qué tienen que morir sus padres en guerras fratricidas?…” (2)

El peligro del Apocalipsis continúa latiente; la amenaza está ahí, a la vuelta de la esquina y, al parecer, salvo la denuncia ante el mundo, sería poco lo que pudiera hacerse. De tener lugar, serían la Hiroshima y Nagasaki postreras, sin noticia, ni historia que la pueda contar. Ninguna mente sana quiere semejante in-destino para sí, para sus hijos, nietos, ni para sus semejantes, por muy distantes que vivan entre sí o que apenas se conozcan.

Este aniversario 65 de los dos holocaustos en Japón debe servir para recordar, ante todo a quienes pueden desencadenarla, que la próxima conflagración sería “el final del final”.

Retomando a Fidel, con el deseo y derecho a la vida que asiste a todo ser viviente… “Nosotros preferimos aferrarnos a la esperanza…” (3)

NOTAS

(1) Reflexiones de Fidel, 3 agosto 2010 “Emplazamiento al Presidente de Estados Unidos”.
(2) Castro Ruiz, Fidel, “Mensaje a los Jóvenes”, La Habana, 30 julio 2010.
(3) Ibídem.

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