Rostros que se escuchan, de la escritora, periodista, locutora e investigadora, Josefa Bracero Torres, Premio Nacional de Radio 2004, es el título del libro, publicado por la Editorial Letras Cubanas, para beneplácito de los fieles amantes del arte radiofónico en nuestra geografía insular.
Dicho volumen recoge los nuevos y convincentes juicios de lo que representa la radio para el selecto grupo de imprescindibles del micrófono y la cabina. Ese texto viene a cerrar una serie, en el contexto de la Colección Voces, que incluye tres tomos, muy esperados por el público que le es fiel a los medios masivos de comunicación y se entusiasma con las noticias sobre personalidades, principalmente de la radio y la televisión, pero también del cine y el teatro.
Al igual que en entregas anteriores relacionadas con esa línea temática, la autora, a partir de las crónicas (en el caso de los que, lamentablemente, ya no están entre nosotros) y las entrevistas, con los que pudo dialogar, nos perfila la vida de varios artistas u otros creadores, que han hecho época y entregado al pueblo lo mejor de sí, hasta quedar registrados en la memoria poética tanto de los cubanos como de mucho más allá de nuestras fronteras geográficas nacionales. Hombres y mujeres muy queridos y estimados, cuyas historias serán recibidas con deleite por quienes incursionen en las páginas de Rostros que se escuchan ya que el estilo ameno y coloquial de la laureada radialista, que acaricia el intelecto y el espíritu del lector.
En esta reseña, me agradaría dedicarle un par de minutos a los géneros periodísticos que utiliza Bracero Torres para llevar a «puerto seguro» ese valioso aporte a la bibliografía especializada: la crónica, percibida por los grandes maestros como un género que se balancea, suavemente, entre la literatura y el periodismo, y lleva en su esencia íntima el ADN del autor, así como sus huellas digitales (léase su identidad profesional y personal), y la entrevista, entendida como un «pie forzado» (en el lenguaje de la improvisación poética), que incita al interlocutor a desarrollarse desde los más disímiles puntos de vista: profesional, intelectual, artístico, humano y espiritual. Es un hecho indiscutible que la ilustre intelectual camagüeyana emplea —con excelencia profesional digna del más cálido elogio— dichas herramientas propias de la labor periodística.
De acuerdo con Josefa Bracero Torres, «la radio es magia. Tiene un encanto y atractivo únicos, con pocos recursos logras resultados sorprendentes, en los que se unen la técnica con el vuelo creativo, [y da] paso a la más fina fantasía creadora para regalar al oyente la posibilidad de tener un universo muy suyo». Por otro lado, la primerísima actriz Teresita Rúa opina que «la radio tiene que parecerse a la calle. Las entrevistas deben tener el ritmo de la calle», porque la radio es, al decir del maestro Manolo Ortega (1921-2003), «sonido para ver» y el arte radiofónico tiene una «magia» sonora que sólo a él le es inherente.

