Ángel Toraño: La radio es el medio más difícil

A partir de 1950, la televisión devolvió su imagen imprescindible en novelas, seriales, aventuras, teatros, cuentos… En todas las obras en que tomó parte dejó un sello inconfundible de calidad y profesionalismo.

Inició su vida artística como actor de teatro infantil. 

Al concluir la enseñanza media, matriculó el bachillerato, lo terminó y comenzó sus estudios universitarios en la especialidad de Filosofía y Letras.

Allí mismo le dijo adiós a la carrera universitaria y matriculó y salió egresado del Teatro Universitario del que fue fundador. Siempre hablaba con mucho cariño y agradecimiento de sus profesores, entre ellos el que impartía la asignatura de Radio, nuestro primer novelista y Premio Miguel de Cervantes y Saavedra, Alejo Carpentier.

El 18 de junio de 1943 debutó en el Teatro de la Comedia con Paco Alfonso.

Al rememorar esta época, expresó:

“Me dijeron que Paco Alfonso, tenía un grupo de teatro que se sostenía por aportes de la población en cuotas de cincuenta centavos o un peso. Las obras se presentaban en el Teatro de la Comedia, en la calle Ánimas y Prado. Fui a ver a Paco Alfonso y y Paco me dijo – está bien, te voy a hacer una prueba -. Me hizo la prueba y debuté el 18 de junio de 1943, justamente ayer hizo 61 años. Lo hice con la obra norteamericana de contenido social Camino del tabaco. Recuerdo que trabajaron además, entre otros, Paco Alfonso, Agustín Campos y Zulema Casals. Allí empezó mi carrera profesional y con  Paco Alfonso estuve hasta que por problemas políticos fue imposible que el grupo pudiera continuar por la persecución de que fue objeto. Incluso en una ocasión, miembros de los aparatos represivos allanaron mi casa y me destruyeron los programas que guardaba.”

En 1948 integró el elenco que estrenó en Cuba, Hamlet, de William Shakespeare. Obra que protagonizaron Eduardo Egea y Minín Bujones.

En todos los medios fue un maestro. Así lo recuerda la primerísima actriz Verónica Lynn:

“Él me dio las primeras nociones de por qué se dice un bocadillo, piensa, recuerdo que me decía – no hagas esa coma alta, ciérralo – esas clases así muy elementales, pero me ayudaron mucho. Fue un actor con letras mayúsculas”. 

Trabajó en Los Días del Agua, primera película cubana en colores. Después siguieron, El hombre de Maisinicú, Jura decir la verdad, Ustedes tienen la palabra y más recientemente Gente de pueblo.

Son tantos los teatros en televisión que se hace difícil enumerarlos. En 1985 integró el elenco de Finlay, la serie histórica que unió nombres inolvidables, como los de Salvador y Patrio Wood, Zelma Morales, Miguel Navarro y Ángel Toraño, alrededor de Enrique Núñez Rodríguez y Jesús Cabrera, guionista y director.

Todos los directores lo integraron al equipo de las Grandes novelas en la televisión: ¿Quién no recuerda La Dama de Blanco, El rojo y el Negro, Las honradas, Ana Karenina, Madame Bovary… entre tantas?

Angel Toraño en una escena de telenovela junto a la actriz Fela JarHay algo simpático que ocurrió en dos de estas novelas. A Toraño le asignaron el personaje del esposo de Ana Karenina y Madame Bovary, magistralmente interpretadas por una de nuestras principales actrices, Margarita Balboa y dirigidas también por una directora de referencia, Loly Buján.

Por cierto cuando se transmitió Madame Bovary, totalmente en vivo, Toraño fue agredido con una jaba por una señora que lo descubrió en el ómnibus en el que viajaba rumbo a Radiocentro donde participaría en el ensayo, previo a la salida al aire en horario nocturno.

Por supuesto en el propio ómnibus lo llevaron al recinto hospitalario oftalmológico Pando Ferrer, donde lo atendieron de inmediato y le recomendaron reposo absoluto, pues el golpe le había afectado la visión, pero Toraño llegó al estudio cuando la novela iba a salir al aire y se retiró el vendaje mientras estuvo en pantalla interpretando a su personaje. Con mucha dificultad pudo terminar el capítulo, pues le molestaba el ojo agredido, que además comenzó a llorarle.

Sobre esta experiencia me confesó, que aunque dolorosa, porque tuvo que someterse a un largo tratamiento, le dejó también mucha satisfacción, pues le permitió conocer hasta que punto había calado en el corazón del pueblo el personaje que estaba interpretando.

Un día me enseñó como uno de sus trofeos preferidos la peluca que utilizó en las dos ocasiones que interpretó al Abate Farías en el serial El Conde de Montecristo. Y más recientemente los niños disfrutaron del abuelo del serial de televisión Blanco y negro, no.

Sobre este serial, Toraño, me contó la siguiente anécdota:

“Un día un niño me visitó para regalarme un mango. Ya el niño era un joven y un día me pidió que lo acompañara a la escuela para que sus alumnos vieran que él era amigo del abuelo de la serie de televisión”

Toraño fue sobre todo un apasionado por la radio:

“Para mí la radio es el medio más difícil y el que más enseña al actor porque esa transmutación diaria que tiene el actor de radio de un gran caudal de conocimientos: hacer un personaje a las ocho, otro a las diez y otro las doce, para mí es magnífico”.

“De Radio Progreso me van a botar por viejito, pero eso demora todavía. Lo que sí puedo asegurarte: El que domine la técnica radial puede después asumir con éxito la técnica de la televisión, del teatro y del cine. La radio te entrena muy bien, a la vez es el más difícil de los medios.”

Con 61 años de vida artística, no pensaba en la jubilación. Conversando sobre esta posibilidad, me dijo sonriente, el 17 de junio de 2004.

“Como actor de teatro, radio y televisión, me encuentro realizado. Mientras tenga vitalidad voy a estar detrás de un micrófono en mi radio y si me llaman de la televisión con mucho gusto también trabajaría.”

Y así lo cumplió. Artistas como él no parten nunca… Su recuerdo queda atrapado para siempre en la memoria de los pueblos.

 

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