Renaldo Infante Urivazo

Durante los últimos años lo he visto trabajar incansablemente para investigar hasta el más mínimo detalle la vida de uno de los héroes más queridos de la nación. El Comandante en Jefe Fidel Castro le dio el calificativo más elevado, cuando dijo: El inolvidable Frank País. Precisamente esta frase, es el título, que Renaldo Infante Urivazo ha dado a esta obra, que será llevada a la televisión y por supuesto a la literatura.

Sobre el significado de su trabajo, me dice, «Ya en 1959 yo había escrito la vida de Frank, a petición de la compañera Vilma Espín. Esa obra fue transmitida por Radio Rebelde, protagonizada por Julio Batista, dirigida por Salvador Wood y narrada por Antonio Pera. No sabes la emoción que sentí, cuando 40 años después, Vilma me volvió a llamar, porque quería realizar uno de los grandes sueños de su vida y me dio la encomienda de preparar de nuevo esta obra para ser llevada a la televisión».

Al pedirle que hablara sobre su vinculación con los jóvenes más sobresalientes de su época, en Santiago de Cuba, achicó los ojos, en gesto característico, para rebuscar en su memoria.

«Conocí a Frank País antes de su presencia en la Escuela Normal, éramos vecinos prácticamente. Cuando cierro los ojos y pienso en esa época, veo la imagen de tres muchachos muy serios y calladitos, que pasaban junto a su madre cuando iban al colegio. Después, Frank ingresa en la Normal, cuando yo curso el tercer año. Pepito Tey (cae heroicamente durante el alzamiento del 30 de noviembre de 1956) forma parte de mi directiva estudiantil, Frank no, parece que no le interesaba en esa época figurar en la Dirección de Estudiantes.

«En 1953, posterior al asalto al Moncada, Frank me manda a llamar. El problema es – me dice – que tú nunca pudiste entregar la directiva de la organización estudiantil y existe un conflicto entre algunos centros que se disputan el derecho a ejercer la Presidencia Provincial. Nosotros queremos darle nueva vida y es necesario que de forma oficial y pública nos hagas entrega de la Presidencia de la Federación de Centros de Segunda Enseñanza– ¿Qué estaban haciendo Frank y Pepito Tey? Sencillamente, reanimando la institución aquella con vistas a reunificar el estudiantado santiaguero.»

El asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, lo conmueve, al igual que a sus compañeros, profundamente.

«Lo vemos como un fenómeno admirable, que estimula, pone a pensar seriamente. A partir de allí empezamos a vincularnos a actividades que se desarrollan desde el punto de vista insurreccional y en ellas la figura central era Frank País. La organización ARO, que él fundó hace propaganda e instruye a la gente en la confección de petardos y otros instrumentos de lucha y conocimientos de armas.

«La fusión con el Movimiento 26 de Julio se produjo más tarde. Entre las células había una llamada de los maestros, a la que se incorporó. Funcionaba en un colegio privado que tenían. El que les servía para guardar las armas con las que hacían las prácticas de tiro y fundamentalmente les cubría la imagen.

«Por el día, dábamos enseñanza primaria y secundaria; por la noche, hacíamos preparatoria para ingresar a carreras universitarias. Teníamos matriculados una cierta cantidad de policías y guardias que se superaban con vistas a los ascensos. Esto nos convenía.

«La gente del Movimiento estaba advertida que después de las 5:00 de la tarde nadie podía acercarse al colegio. Era la hora que llegaban los militares del ejército batistiano.

«Frank iba frecuentemente al colegio. Allí despachaba y recibía a compañeros de provincias, a los que impartía orientaciones. Un día, a la cocinera que teníamos -que le decían mulata- se le ocurre decirle a Frank que estaba haciendo arroz con leche. A él le gustaba mucho y le responde: «Bueno, voy a esperar el arroz con leche.» Salió después de las 6:00 del colegio, en el momento que llegaba el primer guardia, que, desgraciadamente, era el hermano del coronel Lavastida, Jefe del SIM. Por supuesto, inmediatamente que ve a Frank lo reconoce.

«Al otro día, muy temprano, llega mulata diciéndome: «El Lavastida ese me preguntó qué hacía aquí Carita de Ángel.» Así le decía la cocinera a Frank.

«Teníamos en el colegio las armas. Estaban todas en el aula de los niños pequeños, envueltas en papel de ferretería, debajo de las mesitas. Los alumnos ponían sus pies sobre los paquetes.

«Llamamos a Frank enseguida y le contamos lo sucedido. Sin inmutarse, nos dijo: «Vamos a observar las próximas veinticuatro o cuarenta y ocho horas a ver si hay algún movimiento.» Antes de las veinticuatro horas teníamos una posta situada en la esquina.

«Después de informar a Frank, éste muy tranquilo contestó: «Está bien.» Se apareció, sin avisar, un día a las 12:00. Me dijo: «Voy a llevarme lo que tengo ahí.» «Muy bien – respondí -, tú sabes donde están.

«Siempre que buscaban las armas para las prácticas venían en un jeep. Veo que él entra con Nano Díaz (combatiente que después cae en el combate del Uvero), coge un paquete y lo pone en el hombro de Nano y le dice que salga, coge el otro paquete se lo echa encima del hombro, espera un rato a que su compañero avance, y sale detrás.

«Pensé que el jeep estaba afuera. Me llevé tremenda sorpresa cuando veo que, en pleno mediodía, Nano va llegando a una esquina y Frank va detrás. Estaba nervioso, pero los seguí. Cuando los vi entrar en la casa de Frank, me tranquilicé, sabía que no había ningún problema. A él le hicieron todos los registros del mundo y jamás le encontraron nada en su casa, y sin embargo la tenía llena de armas. ¿Cómo las guardaba? Yo nunca lo supe, hasta después del triunfo, era originalísimo».

Realmente muy original.

«La arquitectura del viejo Santiago lo ayudó. Casas antiguas, que pueden parecer unidas por una pared, pero en realidad son viviendas separadas por una doble pared, con un alerón. Frank tuvo el ingenio de subir al techo y situar unos clavos grandes al comienzo de la doble pared y debajo del alerón. Allí colgaba las armas».

Siempre me ha llamado la atención la pintura con el rostro de Frank, que guarda celosamente en su casa. Hay mucho respeto y admiración, cuando Renaldo Infante nos habla de Frank País.

«Era más joven que yo, sin embargo me inspiraba un tremendo respeto. No sé si era más bien por el carácter. De primera vista parecía una gente introvertida, hablaba poco, observaba mucho, pero tenía una mirada muy penetrante. Cuando te miraba le parecía a uno que te estaba registrando. Y cuando abría la boca era tajante, concluyente, podía ser también muy amable, muy cariñoso.

«Podía expresar dureza a veces para tratar a la gente, pero también expresaba una especie de mansedumbre, tranquilidad. Tocaba el órgano, el piano, le gustaba leer poesías. Sencillamente alguien excepcional. Frank no era nadie corriente, y creo que Fidel midió muy bien lo que dijo cuando señaló que el pueblo de Cuba no sabía, no conocía que había de prometedor y de grande en él. Indiscutiblemente, Frank País hubiera sido una de las personalidades más importantes en un proceso revolucionario como el de Cuba».

Renaldo Infante Urivazo, no llega al mundo en Santiago de Cuba, pero asume con orgullo ser hijo legítimo. Alberga las imágenes de una niñez, adolescencia y juventud unidas a la ciudad que, al decir del poeta: «Defiende su identidad de las ventanas abiertas a las guitarras y las piedras lanzadas al enemigo.» Sobre esos años de adolescencia y juventud, entafiza:

«Estudié en la primaria anexa a la Escuela Formadora de Maestros. Continúo en la Escuela Superior de Varones y al terminar el octavo grado me inclino por el magisterio. Ya en la Escuela Normal, soy el presidente de la Federación de Centros de Segunda Enseñanza. Me gradúo en 1949 y como alcanzo uno de los primeros expedientes tuve asegurada mi ubicación laboral como maestro. Simultáneamente, había estudiado el bachillerato e ingreso en la Universidad de Oriente.

«En Radio Libertad comenzamos a hacer radio-teatros. Para poder grabar, teníamos que hacerlo después de las 12:00 de la noche, porque la emisora tenía un solo estudio. Entre las obras presentamos una adaptación mía de El Quijote.»

Conozco que durante más de cincuenta años su vida ha transitado en contacto con la radio. De los primeros pasos nos dice:

«El primer dinero (quince pesos) que gané en mi vida con un trabajo intelectual me lo pagó la RHC Cadena Azul por el programa Peptobismol. Tenía sólo catorce años. Pero el primer contacto con una emisora fue en 1948, en Santiago de Cuba, en la CMKG. Era un programa de media hora, dirigido a los estudiantes. Cuando me gradué de maestro, en 1949, seguí vinculado a la radio.

«En la Cadena Oriental de Radio en Santiago de Cuba comencé a trabajar dramatúrgicamente la radio. Aproveché que tiene el elenco artístico reforzado con figuras de La Habana. Entre otros valiosos actores y actrices recuerdo a Enrique Almirante, Magaly Alou, Sara Rodríguez Lara, José Antonio Rodríguez y Marcial Avellaneda que dirigió todos los programas que se hicieron allá. Ellos fueron los que me enseñaron a hacer libretos de radio. Después seguí por mi cuenta.»

En distintas ocasiones me ha comentado que su relación con Félix B. Caignet es muy interesante desde el punto de vista afectivo y por lo que significa en su quehacer intelectual esta destacada figura de la cultura.

«Chan Li Po fue una de las primeras cosas que yo oí siendo niño, cuando llegué a Santiago. Después comienzo a darme cuenta que mi familia conoce a la familia Caignet y viceversa porque ambas estaban plagadas de maestros. No obstante, lo vine a conocer personalmente cuando me había hecho locutor, escribía y dirigía programas de radio. Al igual que hizo con muchos compañeros, a mí también me ofreció su ayuda para trabajar en La Habana».

¿Cuándo le hace esta proposición?

«En 1957. Yo tenía una vinculación muy directa con el movimiento insurreccional. Habían matado a Pepito Tey y lo sustituí como maestro en el colegio La Salle, donde trabajaba, hasta terminar el curso escolar.

«En medio de esta situación llegó la proposición de Caignet y el movimiento 26 de Julio decidió la conveniencia de mi presencia en la capital ayudando a mi hermano, que era jefe de propaganda. Por cierto, una de las actividades que realicé estaba dirigida a lograr que el periódico Sierra Maestra llegara a todas las provincias».

¿Ya en la capital la Radio lo atrae?

«Félix B. Caignet me presentó en la CMQ, en enero de 1958. La prueba de locución y narración las hizo Oscar Luis López en el Estudio chiquito, ése que le dicen El Escorial. Las pruebas de actuación correspondieron a Celestino García Suárez y a Julio Lot, en el Estudio 4. Me aceptaron y Crusellas me contrató para trabajar en la novela FAB, en la novela de las 2:00 y en las aventuras de Leonardo Moncada.

«En la novela de las 2:00 interpreté un bandido. En la novela FAB hice un abogado, que era la contrafigura, y en los episodios de Moncada hacía de otro bandido. Así estuve todo el año trabajando hasta el triunfo de la Revolución.»

Eran los meses previos al triunfo de la Revolución.

«A medida que avanza 1958 la vida de los revolucionarios se hace muy difícil, en especial en la capital del país. Tengo un hermano que es jefe de Propaganda del Movimiento 26 de Julio, y otro que es detenido. Ambos elementos son suficientes para estar fichado por los cuerpos represivos.

«Estuve cerca de caer preso cuando detienen y asesinan al hermano de Pachungo Fernández (caído en Bolivia cuando forma parte de la guerrilla del Ché). Era el tesorero del Movimiento allá en Oriente. Traía una carta para mí. Estaba escrita en clave, por eso la policía se demora en descifrarla, pero lo hacen. Debo salir de La Habana y Caignet me dijo: «Venga para mi casa de Santa María. Allí estará seguro.» Recuerdo que desde la terraza de Félix hablábamos y bromeábamos con Enrique Nuñez Rodríguez, que había alquilado una casa allí.

El día 1ro de enero, al escuchar las primeras noticias, salí para La Habana. Directamente a la CMQ, donde se había instalado un puesto de mando.»

¿Qué hace después?

«Me acuerdo que dejé a medias una novela que se estaba grabando porque ya estaba inmerso en toda la vorágine de la Revolución triunfante. Julio Batista me sustituye en esa obra.

«Se pensó al principio convertir a CMKC en una emisora nacional desde Santiago de Cuba, utilizando la frecuencia del Circuito Nacional Cubano. Esa idea se desechó y Radio Rebelde, desde La Habana, ocupó esas frecuencias.

«A mí me encomiendan tareas que debía cumplir en Santiago de Cuba, entre ellas representar a Radio Rebelde en el Oriente.

«En Santiago me incorporo al periódico Sierra Maestra. Lo dirijo hasta 1961. Había sido fundador en la clandestinidad, como redactor central en La Habana para todas las provincias. En esta etapa en Santiago, también fui profesor de la Escuela de Periodismo Mariano Corona y director de Cultura de la provincia».

Regresa a la capital del país en 1961.

«Al crearse las Organizaciones Revolucionarias Integradas (las ORI). Fue el primer intento de agrupamiento partidario. Con ellas surge la Comisión de Orientación Revolucionaria (COR), bajo la dirección de César Escalante. A mí me designan para que represente a la provincia de Oriente en esta comisión. Allí estuve hasta que se crea el Instituto Cubano de Radiodifusión».

Renaldo Infante se encuentra entre los que ayuda al ICR a dar los primeros pasos, a caminar, a comprender los procesos de cambio en las concepciones. ¿De cómo se desarrolla este proceso, comenta?

«Participo como miembro de la COR en todo el proceso que concluyó con la constitución del ICR, el 24 de mayo de 1962.

«Cuando se empieza a plantear la utilización de la radio para la orientación del pueblo ante los cambios revolucionarios hay resistencia, sobre todo de las grandes emisoras, cuyos dueños habían comenzado unas extrañas excursiones para México y Estados Unidos, en especial los Mestre, dueños del consorcio CMQ. Estaban movilizando a las instituciones internacionales, a las que pertenecían, para hacer un enfrentamiento de bloque continental contra la Revolución. Sabían que les venía la nacionalización.

«En ese proceso, los pequeños emisores que tenían recelos contra los grandes que controlaban el presupuesto municipal decidieron agruparse. Empezó un movimiento donde tienen un papel muy destacado algunas personas como Armando León Acosta y otros grupos de emisoras, que empiezan a agruparse entorno a la oficina de Radiodifusión del Ministerio de Comunicaciones y a crear un bloque para formar la Cadena Nacional.

«Se forma así la organización que denominaron Frente Independiente de Emisoras Libres. El FIEL juega un papel muy importante porque permite agrupar una fuerza, darle una base, un apoyo básico a la Revolución, en un momento determinado y con eso prácticamente gestan el nacimiento de la radiodifusión estatal en el país.»

El camino para dejar atrás la radio comercial y hacer surgir objetivos altruistas y educacionales no fue fácil. Para ampliar esta aseveración, le pregunto a Renaldo Infante.

En 1961 ya se había producido un colapso en la programación comercial, con las mismas nacionalizaciones y toda la crisis en que estaba la economía cubana. En ese año se suprimieron los anuncios comerciales.

Empezamos por cambiar los contenidos, por ampliar la transmisión de novelas clásicas, de determinada literatura tanto nuestra como extranjera, pero que tuvieran un significado, un peso, dentro de la cultura. Estos conceptos fueron avanzando y se han ido consolidando con el tiempo, para tratar de elevar en lo posible la calidad de la programación y, sobre todo, el criterio a partir del cual se hace una programación en radio teniendo en cuenta otros factores vinculados directamente con el entorno, con el alcance, con el objetivo, con el superobjetivo. Pero lo importante de esta etapa es que se transforman la radio y la televisión en Cuba. Deja de ser el gran fenómeno comercial que fue para convertirse en un instrumento de servicio que tiene otro objetivo, una finalidad cultural y política.

En este período me nombraron subdirector del Noticiero Nacional de Televisión y después asumí la Dirección durante ocho años. Cuando lo conozco es el Director Nacional de Programación de la Radio y la Televisión.

A principios de los años setenta encabezo la Dirección de Programación y desarrollo actividades fundamentales para darle vida y coherencia al carácter institucional que se le encomiendan a estos medios.

Una de las primeras cosas que tuvo que enfrentar esta dirección fue lo que podíamos llamar la toma de conciencia de lo que era la programación en las nuevas condiciones. Luchar contra los viejos conceptos, las opiniones y los criterios jaboneros. Lo peor fue la desconfianza de la gente más vieja, la gente más experta, que entendían que tú eres un advenedizo, que si tú no sabías de esto, que ibas a venir a sentar pautas. Este fue un proceso bastante lento, paulatino, no fue violento.

Entre los aportes que la radio y la televisión, y son muchos, deben a este hombre modesto y sencillo, se encuentra su magisterio y su sabiduría, sus vastos conocimientos, puestos al servicio y el enriquecimiento intelectual y artístico de sus compañeros y compañeras. Después de compartir veinte años a su lado, estoy segura que usted nació para ser maestro.

Soy maestro viejo. La docencia, aunque muchas veces he huido de ella, siempre me ha perseguido. Pude hacer determinados estudios de Comunicación Social tanto en Cuba, como en el exterior que, de alguna manera, me dieron una cierta formación. Me he aplicado a la docencia en la Universidad, en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales y en el Centro de Estudios de la Radio y la Televisión.

Entre todos sus méritos, tiene uno muy especial. A pesar del cúmulo de tareas, de esa vida tan rica, siempre encuentra el tiempo para compartirlo con su familia.

Tengo mi esposa, dos hijos, ya hombre y mujer, tengo una nieta y un nieto. De antaño escuché un dicho que decía: «en la vida hay que sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un libro.» Creo que lo he cumplido.

Otras instituciones sociales y culturales, lo cuentan entre sus colaboradores más capaces. De los últimos trabajos realizados, ¿cual le ha proporcionado mayor placer?

Por iniciativa de José Antonio Portuondo, entonces rector del Instituto de Literatura y Lingüística, en 1991, se inicia la confección de un nuevo tomo del Diccionario de literatura cubana.

Me confiaron la realización de los acápites correspondientes a la radio y la televisión. Abarca desde 1959 hasta 1986. Hice un trabajo de investigación, durante un año, tras el cual entregué el material que comprendía un período significativo de la narrativa y la escenificación en nuestros medios.

Lo que aquí se dice es una muy breve síntesis de los grandes valores que adornan el paso por la vida de este hombre sencillo que hace justicia al último galardón recibido: La Utilidad de la Virtud, que engrosa el espacio que, en su casa, se hace pequeño para albergar a la Orden Juan Marinello, la condición de Artista de Mérito de la Radio y la Televisión, el Premio Nacional de Radio por la obra de la vida. la condición de Combatiente de la Revolución Cubana… Gracias Infante, por el ejemplo.

 

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