Un director de referencia; Ramón Espigul Menéndez

¿Es Ramón Espigul un buen estudiante? Ahora lo sabremos.

Fui pésimo, sólo me gustaban las letras, Historia (mi fuerte) y Literatura. Las Matemáticas, la Física y la Química fueron un tormento siempre, las cuales asumí con responsabilidad irresponsable. Buenos disgustos les di a mis padres por este concepto.

¿Y el Arte?. Porque siendo hijo y nieto de dos figuras prominentes de la cultura… Hábleme de la dinastía artística llamada «Ramón Espigul»

Efectivamente me crié en un ambiente donde la música y el teatro eran el fuerte. Mi abuelo, actor; negrito del Teatro Costumbrista para más datos; compositor, director y dueño de Compañías que llevaban la alegría en tiempo de zafra a toda Cuba, fue el ejemplo de disciplina que me inculcó mi padre desde niño y a quien no conocí porque murió en el año 1952. Su máxima era: “La función no se puede suspender” y con ello vivió siempre, al igual que mi padre; actor, compositor y director.

Ambos tenían una especialidad, hablaban chiflando y mi abuelo se ganó el sobre nombre de “El Rey del Chiflido”. Tanto, que en sus más de 22 años como artista exclusivo para los Discos RCA Víctor, no fue solamente una vez en que los ejecutivos norteamericanos le pidieron que aprendiera inglés para hacerlo en ese idioma, que lo llevarían hasta Broadway. Nunca lo hizo. Por costumbre y por mantener un nombre, mi abuelo, mi padre, mi hijo, que trabaja como realizador de Sonido en Radio Taíno, y yo nos llamamos Ramón.

¿Y el vínculo con la radio, como se produce?

Mi madre vivía con La Radio encendida para acompañar sus labores hogareñas. De ahí me viene la memoria de canciones, boleros, coplas, tangos, sones, danzones y cha-cha-chas; que después me han servido en mi trabajo. Ella cantaba a la par que la radio, mi padre, que tenía oído absoluto, decía que desafinaba. Para mí cantaba como “los Ángeles”.

¿Cómo cae en la Radio?

Sí, caí, porque con 21 años ya tenía un hijo y necesidad de trabajar. Mi padre era asesor de teatro en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y en ese momento simultaneaba esa actividad en el Estado Mayor de La Marina y en Construcciones Militares. El Teniente Reyes, de esta última dependencia de las FAR, me puso a trabajar en construcciones Militares y se dio cuenta inmediatamente que no tenía nada que ver con ninguna especialidad de las que allí existían.

Puedo confesar que no he podido tirar nunca una línea recta en el papel. Entonces habló con Luís Más Martín, Director de Radio Rebelde, y el 4 de enero de 1972 entre a la Radio como productor de un programa que saqué al aire y que por más de 7 años se mantuvo de 10 a 11 de la noche los domingos. Un año después comencé a dirigirlo.

¿Y cuándo se produce su ascenso a director?

En julio de 1972 con un programa de creación de Luis Más Martín que se llamó “Fiesta Infantil”. De Más Martín tengo el mejor recuerdo, no solamente como director, sino como amigo, a él le debo la profesión que tengo: Director de Programas de Radio. Nunca podré olvidarlo, no por eso, sino como ser humano.

Entonces se puede afirmar que su formación inicial como director es totalmente autodidacta.

Yo no sabía nada de arte, solamente mis visitas al teatro con mi padre, lo que se conversaba en casa y las reuniones con teatristas amigos de mi padre en tertulias después de las funciones a las que asistía y donde yo era testigo mudo ante las anécdotas y criterios teatrales. Nada más. Cada mañana llegaba a Radio Rebelde, en O y 23, en el sótano del Ministerio de Justicia, en el Hueco, como cariñosamente le decíamos; a las 8 u 8 y 30. Despachaba lo mío y me sentaba en el vestíbulo a esperar a que faltara algún director para sustituirlo. Tratando de hacer Bolo, como se le conocía en el medio antes, sobre todo entre los actores. De esa manera hice todos los programas de Rebelde, menos los seriados dramatizados.

¿Cuáles son los compañeros que más le ayudan en sus inicios?

En primer lugar los que ya eran estrellas de la dirección como Oscar Luís López, Juan Carlos Romero, Pablo Verbitzki, David Campos. En lo musical tuve la mano amiga y la enseñanza de otras dos estrellas: Carlitos Más y Jorge Luís Valdés Val. Ahí se me quedó el bichito por este tipo de espacios. En la música cubana bebí de Luís Grau Jover y sigo aferrado a los conocimientos de Manuel Villar. Mi primera oportunidad en lo musical me la dio Valdés Val un día que se fue de vacaciones en 1963 y me dijo que dirigiría “Programa De”.

Supongo que para usted es un gran reto dirigir a estrellas como Ana Margarita Gil y Héctor Fraga, en un programa que acapara una gran audiencia nacional.

Le dije: “¿Tú mandas los libretos?” – “No, hermano, los escribes tú”, me contestó Valdés Val. Terror inmediato. Ya hacía las producciones musicales más o menos, pues Carlitos Más me había dado la oportunidad de producir musicalmente unos espacios pequeños para que fuera ejercitándome y enseñándome la técnica de este complejo trabajo, el cual muchos no valoran y piensan que es sólo poner musiquita indiscriminadamente. Como me dice lo más difícil fue dirigir a esas personalidades en el estudio.

Eran gladiadores armados hasta los dientes a quienes me tenía que enfrentar. Con Ana y Héctor me fue muy bien, siempre han sido gente sencilla y con deseos de ayudar a los que llegan. Casi copié los libretos de Valdés Val. Tengo que reconocer que en mi forma de escribir hay mucho de “El Flaco”, de “Perchero” como cariñosamente le decíamos sus amigos. Siempre recuerdo a Douglas Fernández, el primer locutor con quien trabajé. También de la misma estirpe de Ana y Héctor.

Hábleme de los programas que hace en los primeros momentos.

“Festival de Aficionados” y “Fiesta Infantil”, más “Adelante América” que comencé producir y a dirigir creo en el 1963. Entones, por sustitución, un día dirigí “Así sucedió” o “La Guantanamera”. Juan Manuel Pons, su director, escuchó el programa y pidió que yo fuera su sustituto para cualquier caso y habló conmigo para que asistiera a sus grabaciones. Era un espacio, remedo del que años atrás hiciera la Calandria y Joseito Fernández sobre los hechos de sangre; ahora con otra temática. Llevaba situaciones dramáticas y “La Guajira Guantanamera” tocada por el Grupo Palmas y Cañas de Miguel Ojeda y ahí me enfrenté por primea vez a la música campesina y a las décimas, que yo odiaba.

¿En ese momento quiénes son los poetas?

Cantaban las décimas, Celina González, Radeunda Lima, Ana María Chomat, creo que alguna vez lo hizo Juana María Casas “La mariposa” y por mucho tiempo Carmelina Barberis. Todavía soportaba las décimas con la guajira más conocida de Cuba; pero un buen día Más Martín me encomendó comenzar a dirigir, ”Buenos días agricultor”, que salía a las 6 de la mañana.

Puntillazo para mí, ¿No quieres caldo? ¡Toma tres tazas! Además, como asistía a los remotos con mi amigo Orlando Campos, excelente grabador, de “En Órbita” y “Vivimos en Campo Alegre”; Rubiera, “El Ñato”, un bonzo de la décima y la poesía campesina, me puso de sustituto de él en ese importante espacio. El batacazo final para meterme dentro de lo campesino y amarlo como hoy lo amo.

Más tarde puedes seguir estudiando…

Sí, me gradué de Licenciado en Periodismo en la Universidad de la Habana y terminé el 2do. Año de Teoría y Solfeo, Apreciación Musical y algo de Trompeta.

Usted desciende de una familia de reconocidos artistas. ¿Cómo asume lo de ser «El hijo de Espigul»

Tengo que decir que me molestó por mucho tiempo ser “El hijo de Espígul”. ¿Cuándo voy a ser Espígul? No fue muy tarde que me di cuenta de aquella responsabilidad; ese día sentí el orgullo de venir de una familia de artistas, queridos y de calidad probada.

Obviando la falsa modestia, que pienso es ansia de alabarse a uno mismo, sé que hace tiempo soy Espígul, pero me siento muy feliz por haber llevado por mucho tiempo el nombre de “El hijo de Espígul”. Porque fue mi mayor crítico y porque a pesar de que nunca quiso a un hijo suyo en el medio; se sentía feliz con mis pasos en la Radio. Tuve la oportunidad de trabajar con él como Asistente de Dirección en los Festivales de Aficionados de las FAR y dirigí una obra, “Historias con Cárcel” del dramaturgo argentino Osvaldo Dragún, en Construcciones Militares con la que obtuve un premio. Era muy exigente, todo un profesional en su materia.

Las anécdotas, a veces ayudan a la formación, educan. ¿Cómo lo aprecia?

Sí… Estaba esperando a Jorge Rivera, para grabar en un estudio prestado de Radio Liberación. No me había percatado que se había detenido junto a mi Enrique Santisteban, quien tomaba un receso en la grabación del Teatro ICR del Canal 6. Me preguntó qué pasaba y le expliqué que estaba al suspender la grabación porque me faltaba un actor. Enseguida me dijo mirando el reloj: “Dame el libreto Espígul que me da tiempo”. Al ver mi titubeo me preguntó de nuevo: “¿Qué pasa? Dame el libreto y vamos para el estudio”.

Seguí en la misma hasta que me decidí a decirle. “Enrique, el problema es que el personaje tiene sólo dos bocadillos”. Me miró, sonrió, me puso la mano en el hombro y con voz de padre me dijo: “Hijo, los actores son de medio bocadillo, si no, pregúntaselo a tu padre. ¡Vamos! En eso desembocó por el rellano de la escalera Jorge Rivera. Me salvó la campana. Porque en realidad, no sólo eran los dos bocadillos para un actor como Santisteban, era el miedo de enfrentarme a dirigir a ese señor de la actuación. Él se percató de la llegada de Rivera, le entregó el libreto, se dirigió al estudio de Televisión y entonces se viró lentamente y me dijo: “Espígul, recuerda siempre lo que te he dije. ¡Ah! ¡Y dale un abrazo a tu padre!

Usted es director en Radio Rebelde y en Radio Taíno cuando aún Germán Pinelli, brinda su valiosa cooperación. ¿Qué recuerda?

Con la familia Pinelli, a los Espígul les une una amistad grande, Sol Pinelli fue pareja de baile con mi padre y trabajó en la compañía de mi abuelo como actriz. Ese gran hombre de la locución nunca dejó de aportarle a los libretos sus conocimientos y sapiencia; con la sencillez que lo caracterizó siempre y con la gracia cubana que poseía. Recuerdo que tenía problemas en la boca y no estaba en sus mejores días de lectura; se había equivocado varias veces y yo….¿cómo iba a parar a Germán Pinelli? Se paraba él mismo para rectificar. Entonces me pidió permiso para recesar un momento y me solicitó que fuera hasta la mesa de locución. Llegando me soltó a boca de jarro. ¿Por qué no me paras cuando me equivoco? Mudo me quedé.

Recuerdo que me escudriñó hasta el cerebro. Allá fue mi respuesta. “Porque usted es Germán Pinelli”. Sonrió con satisfacción. Él sabía el porqué. “Mira Ramoncito, tú eres el director y tienes que pararme, yo sé quien soy y por eso mismo te debo respeto aunque estuvieras equivocado. Si no me paras cuando me equivoque de nuevo se lo voy a decir a tu padre. Y no me trates más de usted”. Luego en modo muy suave me preguntó: “Director, ¿seguimos grabando?”. Estas fueron dos clases magistrales de ética y respeto por la profesión; la prueba de que ser artista es más que actuar, dirigir, pintar, cantar, bailar o cualquier función que de arte tenga. Es un concepto de amor por lo que se hace; de entrega y admiración por los que trabajan junto a ti y de responsabilidad para con los que reciben el mensaje.

Son incontables los programas que dirige. Hábleme de los más significativos.

En estos 37 años de carrera he dirigido muchos espacios. “Frecuencia 650”, de Radio Liberación, sabatino de dos horas que salía al aire de 5 a 7 de la tarde; es el que más añoro. Llegué en noviembre de 1980 a esa formidable emisora en todos los aspectos; artística y organizativamente. Me esperaban dos programas “Música y Juventud” y “Frecuencia 650” Elba Orozco, la jefa de Programas Infantiles y Juveniles, me propuso darle forma y escribirlo. Le dije que sí, pero si lo escribía junto a Luís Ríos Vega, mi hermano desde la beca en 1965. Era un programa humorístico con música y 10 actores.

¿Recuerda a los actores y actrices?

Coralita Veloz, Frank González, Fidel Pérez Michel, Obelia Blanco, Yolandita Ruiz, Rosa María Medel, Mireya Guillot, Eduardo Macías, Julio Alberto Casanovas, Mayito Rodríguez, Carlos González, Ana Luisa Rubio, Carlos Gilí. Aquí he puesto los fijos y los que hicieron sustituciones. Por esa nostalgia es que el programa que dirijo hoy “Frecuencia Total” se llama así. Estuvo hasta 1984 en que desapareció Radio Liberación. Pasó a Progreso y ya no fue lo mismo, Ríos y yo decidimos dejar de escribirlo, ya no era nuestra criatura.

Yo le conozco en la Radio Nacional de Angola en 1988, como director de La Hora en español , vínculo de nuestros internacionalistas con la Patria… Cuente esta experiencia.

Entre el 21 de febrero de 1987 y el 26 de septiembre de 1988 estuve en la República Popular de Angola como colaborador. Fui a dirigir la Hora en Español de la Radio Nacional de Angola y como Jefe del Grupo de Colaboradores de la Radio y la Televisión. Tuve que cambiar la concepción, pues ya no era el programa de los cubanos, aunque hacíamos énfasis en nosotros pues habíamos miles en Angola y no hay que decir por qué. Pero pasó a ser un programa más de la onda corta de la Radio Nacional de Angola (RNA) y ya el matiz era diferente. Hube de concebir una estructura de lunes a viernes, otra los sábados y otra para los domingos. Dio resultado.

Los cubanos por descontado, nos esperaban cada día a las 9; pero los angoleños nos escuchaban y con buen rayting. Fue una linda experiencia compartir con los colegas de la RNA; muy profesionales, lo que se atormentaban un poco con nuestro ritmo radial, pero venían a ver la grabación y la edición. Algunos asumieron nuestro ritmo dinámico. Fue una bella experiencia y algún día quisiera volver a Luanda, es un sueño. Alegrías; tristezas; pesar por la niñez que vi; añoranza por la familia; a solas contigo en las noches; el deseo de una novia a quien tomarle la mano. ¡humm! Indescriptible.

Pero además de Angola, usted tiene otras experiencias internacionales. Recuerdo que por la dirección de la radio se le envía a ofrecer una conferencia sobre música cubana, durante el Primer Festival de Radio Comunitaria en Quito, Ecuador.¿Cuáles otras?

En Barranquilla, Colombia, invitado como periodista al Festival Barranqui-Jazz junto a Chucho Valdés y su Cuarteto, a sugerencia del propio Maestro. En Bogotá soy entrevistado en un programa sabatino de la Radio de la Universidad Nacional y en Radio Cadena Caracol, para hablar de la Música Cubana.

Viajo a Catania, Cicilia; como Director del espectáculo “DELIRIO HABANERO” en la Discoteca “La Cueva del Caribe”. Viajo a Barcelona y soy invitado a un programa de Radio Com, Emisora de la Diputación de esa Ciudad para toda Cataluña.

También usted guarda una experiencia como productor musical.

Sí, produzco el disco independiente “Mi negra se porta mal” del recién creado Septeto Caña Santa, También de Caña Santa, para la EGREM, su Sonero 100%, nominado al Cubadisco 2005. El primer disco del Grupo Mayuhacán y dos temas para el disco De Fiesta de la orquesta de las Hermanas Nuviola con el sello ARTCOLOR.— Pero ni mucho menos me considero un Productor de Discos. Solamente he producido algo, y aprendido bastante con el maestro Manolito Simonet, ese sí es un Productor. A mí sólo me encanta el estudio de grabación.

Sé que le queda mucho por decir, porque usted es un director de primerísimo nivel que pone en el aire programas que han hecho época y que es llamado a integrar jurados en infinidad de eventos. Sólo le pido algunas palabras finales.

Agradezco al destino, a la casualidad, al cielo, a los santos y al diablo el haber puesto la Radio en mi camino. También a todos los que me ayudaron en mis inicios y a los que me han soportado dirigiéndolos. A mi madre Berta y a mi padre Ramón por haber sido mis mayores críticos y admiradores en silencio. En los últimos 20 años a mi esposa Elaine por soportar la cara cuando el programa no me queda como quiero y por la sarta de problemas que en andanadas le disparo por la incomprensión de algunos, a nuestras malacrianzas de artista. Sin ella imposible estos 37 años.

Ramón Espigul Menendez; Habana, 21-08-1950

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