Nuevo periodismo: reemergencia crítica y juegos del lenguaje

Supera, incluso, el pesimismo de uno de los visionarios más certeros que ha conocido la humanidad: Julio Verne, en su novela París au XXe siècle, aseguraba que en el futuro el periodismo no serviría para nada.

Es que cuando todavía no se había acuñado el vocablo periodismo, ya el periódico era tema y escenario de una comedia satírica. Censura, Chismorreo, Alegría, Expectación eran los nombres de los personajes del prólogo a El comercio de noticias, obra mediante la cual el escritor teatral Ben Jonson, contemporáneo de Shakespeare, develaba lo que desde 1626 se consideraba un fenómeno emergente.

El menú es: acomodación de hechos diversos a la salsa electoral, picardías o insultos a los diputados de la oposición, exageración de las noticias, campaña de falsas noticias. Así definía E. Villemot, colaborador de Le Gil Blas, la cocina de la prensa francesa de fines del siglo XIX: cualquier parecido con los hechos de las últimas semanas en muchos países y escenarios es pura profecía.

Los nuevos soportes y entornos de la comunicación en la era de internet suman ahora productos de muy variadas ma­nufacturas y mentefacturas. Nacer y morir todos los días como la noticia deja de ser un axioma, porque la noticia no nace. O nace muerta.

En ese contexto conectivo de contagios masivos (tú me sigues, yo te sigo en las redes sociales online), de encantamientos (me gusta/no me gusta lo que escribes-posteas), de manipulación percibida y trampas sociales (comparto o no lo que haces-subes), la desintermediación genera nuevos intermediarios.

La tecnificación del diálogo social no es suficiente para comprender la realidad noticiosa; o sea, para entender lo que está pasando. Apropiación de la información y empoderamiento ciudadano son concurrentes, pero no simétricos. Difusión y eficacia son, cada vez más, inversamente proporcionales.

En tales circunstancias afloran dos preguntas. ¿Es el periodismo una actividad factible? ¿Está en crisis la confianza del periodista?

Algunas respuestas se hallan en el exceso de información que no es responsabilidad exclusiva de los periodistas.

Estamos asistiendo a una representación de la metáfora de la caja de herramientas. En los juegos de lenguaje, quien maneja la caja, tras un periodo de entrenamiento, está capacitado para reconstruir su orden y para manipular las distintas herramientas en función de construir lenguajes sencillos que respondan a una situación específica.

Pero eso no lo hace periodista. Como tampoco es periodismo el que, detenido en el mundo de la imprenta, es repensado esencial y formalmente, pero no normado ni refundado teórica, técnica, estilística, filosófica, jurídica, ética y deontológicamente.

Las tecnologías y la retórica ordenaron precientíficamente el campo de la información y la comunicación. Lejos como estamos de un modo de producción y distribución unívoco, coherente, homogéneo, equitativo de la información periodística, no podemos dejar de reconocer el carácter eventual y contingente de los hechos noticiosos cada uno de los cuales es presente o co-presente, solo mediante un aspecto o perspectiva.

Es necesario crear una base material informativa que permita nuevos montajes y proyectos de relato del hecho noticioso.

Diseñar nuevas estrategias de construcción simbólica con un lenguaje que no sea estándar, porque la realidad no lo es, que no la simplifique. Un modelo de laboratorio de todos los aspectos de la función semiótica, encaminado a mover pragmática y emocionalmente al destinatario.

Como esos jóvenes profesionales del periodismo en Bara­coa y Maisí, que durante y después del huracán Matthew, sin alardes tecnológicos ni pretensiones alternativas, han confirmado la misión del periodismo como primer borrador de la historia, como fuente indispensable para la investigación antropológica y reivindicado la honda dimensión social y humanística de la información periodística.

Autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.