¿Por qué el huracán Matthew no causó muertes en Cuba? Los medios apuntan… a Dios (+Video)

La magnitud de la catástrofe -la cifra de personas fallecidas, los daños materiales- es sin duda el argumento informativo esencial.

Pero hay un elemento al que, a pesar de su relevancia, los medios no han prestado la menor atención: que, el mismo huracán, con la misma fuerza destructora, no haya causado víctimas mortales… en Cuba.

Explicar el porqué de este hecho debería ser un deber de la prensa internacional, en virtud del interés general. Pero una vez más, su falta de independencia política lo ha impedido.

Myrta Kaulard, coordinadora residente de Naciones Unidas para Cuba, elogiaba hace unos días el sistema de Defensa Civil de la Isla, presentándolo como un ejemplo de aplicación del llamado Marco de Sendai para la Reducción de Riesgos de Desastres: «Estamos observando con muchísima admiración todos los esfuerzos del país en prepararse, en reducir el impacto, en salvar las vidas humanas. Para nosotros es un ejemplo para todo el resto del mundo. Las inversiones que hace Cuba para proteger las vidas y los bienes materiales son extraordinarias», declaraba.

La Secretaria General de la Asociación de Estados del Caribe, June Soomer, también resaltaba el trabajo de Cuba en evitar la pérdida de vidas.

Pero no se molesten. No leerán ninguna de estas declaraciones en la gran prensa internacional. Solo en los medios cubanos.

Al silencio sobre la labor de prevención y protección de la vida humana en Cuba, se unía el doble rasero informativo. Practicado, por ejemplo, por dos de los más grandes diarios en idioma español: El País, de Madrid, y su socio en Miami, El Nuevo Herald.

Sus notas sobre el paso del huracán Matthew por EEUU o Haití eran informes fríos sobre los daños materiales y humanos, acompañados de declaraciones de voceros institucionales: gobernadores de varios estados de EEUU, representantes de la ONU, grandes ONGs…

Por el contrario, sus notas sobre Cuba eran relatos cargados de subjetividad, aderezados con declaraciones dramáticas de supuestos damnificados en situación de completa vulnerabilidad.

En ambos periódicos, a los datos aportados por el Gobierno cubano se les añadía la coletilla de «cifras oficiales», para remarcar su escasa credibilidad.

Por el contrario, los datos de las autoridades de EEUU sobre el paso del huracán por territorio norteamericano eran incorporados a la noticia sin siquiera mencionar la fuente.

La única noticia publicada en El País sobre el paso de Matthew por Cuba era firmada -curiosamente- por la conocida «disidente» cubana Yoani Sánchez, que enfatizaba que en la Isla «las ayudas estatales a los damnificados tardan demasiado».

En contraste, en ninguna de las notas sobre el paso de Matthew por EEUU, República Dominicana y Haití, El País abordaba la premura o tardanza de los apoyos a la reconstrucción.

El Nuevo Herald iba mucho más allá que El País a la hora de poner en duda las «cifras oficiales» aportadas por el Gobierno cubano.

El 5 de octubre publicaba un artículo de opinión de José Daniel Ferrer, líder de uno de los grupos «disidentes» que financia la Casa Blanca.

El texto, titulado «El huracán Matthew y las mentiras del régimen cubano», llegaba a decir, entre muchos otros disparates, que la suspensión del servicio de Internet no fue producto del huracán, sino una medida del Gobierno para evitar que sus informaciones «alternativas» llegaran al mundo.

Y que «la prensa oficial» cubana apenas había informado sobre el huracán Matthew.

Algo realmente increíble, porque televisiones, radios y webs de la Isla hicieron un seguimiento exhaustivo, permanente y casi monográfico no ya del paso del huracán, sino de todos los preparativos de prevención desde una semana antes.

Esta cobertura mereció el reconocimiento expreso de la representante de Naciones Unidas en la mayor de las Antillas.

Que estos grandes medios reconozcan las acciones de prevención y de evacuación realizadas por el Gobierno cubano es algo absolutamente impensable.

Por ello, a la búsqueda de alguna explicación a la sorprendente ausencia de muertes al paso del huracán Matthew por Cuba, ambos diarios recurrían a la misma solución… sobrenatural.

En el El Nuevo Herald, José Daniel Ferrer explicaba que en el Oriente cubano esperaron «el favor de Dios».

Y por suerte para los santiagueros, parece que Dios los escuchó. En El País, Yoani Sánchez narraba cómo en la localidad de Baracoa «los rezos se elevaron para que todo pasara rápido y sin muertos».

Conclusión: fue Dios -y no la Defensa Civil- quien salvó a Cuba del huracán Matthew. Ahora solo queda que salve… el periodismo.

 

 

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