Mesura en la comunicación

Si el debate, por ejemplo, es deportivo la elocuencia con sabiduría es bien recibida siempre que no abrigue el monólogo, es aquí donde el arte oral debe apoyarse en la escucha activa y la certeza de no creer tener la verdad absoluta.

Ahora bien, la madeja puede enredarse si el personaje de marras se roba el protagonismo como ocurre muchas veces por falta de control o previsión en el debate, con el valor agregado de defender a ultranza su opinión, sin valorar las de otros compañeros.

Algo convierte en indeseables a estas personas y es su manera sarcástica de expresar opiniones sobre alguien que está ausente, y lo hacen con una aparente humildad que roza lo ridículo, además, tienen el don de la fábula desde lo que es a todas luces una paradójica creatividad por lo enfermiza.

Aclaro que no hablamos de crisis, solo hago un llamado a la reflexión sin olvidar la empatía, el respeto al punto de vista de los demás y el adecuado cumplimiento de la comunicación, en la que debe existir una buena codificación/decodificación de los mensajes.

Con la proximidad de la Serie Nacional de béisbol, los espacios para el debate se incrementan, de ahí la importancia de asumir comportamientos alejados de lo que nutre este análisis para no dejar grietas a los protagonistas de los aburridos monólogos que en nada favorecen la unión grupal.

No se trata de agredirlos, mucho menos subestimarlos; lo adecuado es identificarlos y ayudarlos a modificar su comportamiento por las barreras que provoca en la comunicación, y debemos estar convencidos de que no padecemos esta patología de la oratoria.

Para que no ciegue la pasión, ante las disímiles polémicas que alienta el béisbol, nace esta valoración que no deja espacio a la elocuencia sin sabiduría, esa que casi siempre portan aquellas personas enamoradas de sus propias palabras.

 

 

 

 

 

 

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