EE.UU: Bloquear o desbloquear, esa NO es la cuestión

Independientemente de las múltiples razones que esta vez incidieron en esa victoria, la representante del gobierno estadounidense, Samantha Power, dejó claro que Washington continuará apostando por el levantamiento o flexibilización de las sanciones ante el Congreso, pero nunca renunciaría a su función como catalizador de cambios políticos y sociales en la mayor de las Antillas.

Según Power, los principales argumentos para mantener el cerco económico, financiero y comercial contra La Habana se sustentan en el manipulado tema de las supuestas y reiteradas violaciones de los derechos humanos.

A propósito de semejantes planteamientos, surgen las siguientes interrogantes:  ¿De qué derechos humanos habló la diplomática norteamericana durante su intervención? ¿Es realmente una actitud humanitaria de Washington mantener leyes unilaterales que afectan drásticamente la vida de 11 millones de personas? ¿Por qué no mencionó las torturas «autorizadas» en la Base Naval de Guantánamo, convertida en una cárcel ilegal en suelo cubano?

Es de suponer que sus acusaciones hacían referencia, como casi siempre, a un minoritario y cada vez más descaracterizado grupúsculo de personas que en Cuba se autodenominan «disidentes». Estos apenas sobrepasan el centenar y son además entrenados y sustentados económicamente desde las oscuras entrañas del imperio.

Expuestas y ampliamente demostradas las verdaderas intenciones y motivaciones de la llamada «oposición» cubana en más de una ocasión, ¿Realmente se justifica el genocidio contra todo un pueblo desde las múltiples leyes que sustentan el bloqueo?

Imagino que haya sido particularmente difícil para la señora Power sostener públicamente semejante idea, aunque tal vez sirva para exponer una vez más ante el mundo esa intención genuinamente imperial, explícitamente manipuladora, políticamente incorrecta y legalmente condenable en el ámbito del derecho internacional.

Hasta la fecha, en su papel de «Dios universal»; Estados Unidos -en complicidad histórica con una decena de administraciones presidenciales-, persiste en mantener un discurso solapadamente agresivo sobre la isla caribeña, a la vez que tergiversa, manipula y arremete  sin piedad contra los cubanos y las cubanas mediante una poderosa maquinaria propagandística, y eso no se puede ocultar mediante un supuesto cambio de actitud reflejado en una abstención.

Sin embargo, una cosa es innegable: 58 años de un proyecto social socialista auténticamente cubano representan el ejemplo del ejercicio de libertades más genuino de la historia en el hemisferio occidental, algo sumamente comprometedor en el plano ideológico, aún para un país tan poderoso como los Estados Unidos de Norteamérica.

Y a pesar de todo ello, las ideas, los principios, los valores y la ideología de la Revolución están sólidamente cimentados en una de las conquistas y certezas más preciadas: La unidad de todo un pueblo y la confianza en la victoria final contra el Bloqueo.

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