El Midas del carnaval santiaguero

Él devuelve brillo a las cosas sencillas, a las más inesperadas. Como el rey Midas, lo que toca se convierte en oro. Su obra me remite a un poema de la Premio Cervantes, Dulce María Loynaz. Sus versos elogian a unas manos capaces de emerger la primavera con un poco de goma y unas varas de lienzo. Así son las suyas.

Gorros, coronas, tiaras, farolas, petos, abanicos, muñecos… de todo sale de su imaginación. No es extraño que confiese que cuando niño, en vez de juguetes, pedía lápices de colores a los reyes. Y su abuela, la verdadera reina, siempre le complacía.

No hallarás asiento libre en el hogar de este artista, que logró su sueño de estudiar y luego trabajar en la Academia de Artes Plásticas José Joaquín Tejada. Recibe pedidos de espectáculos teatrales, carrozas, centros nocturnos, películas…

«No soy metódico, pero procuro que las cosas me queden bien. No me gusta abigarrar elementos, soy partidario de la sencillez; pero también de la alegría. Me gusta la degradación de colores o su combinación: azul-naranja, rojo-verde, amarillo-violeta».

«Lo que hago da trabajo, toma tiempo; pero me realiza y lo disfruto intensamente. Cuando veo desfilar a las comparsas o veo a las bailarinas, con algo que yo hice, mi felicidad es completa».

Algo me toca dentro, cuando asoma una sonrisa feliz; cuando vuelve a su vieja máquina de coser. De allí sale parte de la fantasía del carnaval santiaguero, declarado en 2015, Patrimonio Cultural de la Nación.

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