El pobre produce, el rico disfruta

Pueden ser otras verdades, por ejemplo: “la aberración por existir ricos y pobres”; o “el gran dilema de la humanidad”. Por eso nuestro Martí afirmaba que “la mancha del mundo era el egoísmo, y el desinterés su sol”.Otras ideas vienen a mi mente, como por ejemplo lo dicho desde épocas pretéritas: “Para que exista un rico tienen que existir, necesariamente, miles de hambreados”. Pero no quiero incurrir en palabrería que, para algunos, les pueda parecer tediosa. Porque lo importante no es el devaneo teórico, si no, sobre todo, las grandes realidades que tanto agobian a los pueblos, dueños del único derecho, el de resignarse.“Vendrán tiempos mejores; el mundo siempre ha sido así”; y cualquier otra idea que ayude a la mansedumbre a ultranza.

Despejemos un poco tanto enjambre de injusticias. No es difícil, todo lo contrario. Vea usted simples ejemplos que desnudan la infamia: Durante muchas décadas las familias de la realeza británica atesoran riquezas que nos parecen increíbles: miles de propiedades como palacios, automóviles lujosos, joyas que se valoran en muchos millones de dólares, suntuosas fiestas con inaudito derroche y ostentación.

Veamos unos pocos ejemplos: el collar de boda de la Reina Alexandra tiene un valor de 1,6 millones (un millón seis cientos mil dólares); la corona de San Eduardo está valorada en 39 millones, hecha de oro macizo; y un último ejemplo entre muchos: un símbolo muy importante de la monarquía es el Orbe de la Corona valorada en 4 mil millones de dólares, está construido en oro y cuenta con 365 diamantes, 9 esmeraldas, 18 rubíes, 9 zafiros y 368 perlas.

Y qué decir del símbolo más infame y ostentoso de las fabulosas riquezas que poseen grandes millonarios de Estados Unidos, el heredero más aventajado de la realeza inglesa. Vamos al detalle: Elon Musk, su fortuna asciende a 270 mil millones de dólares; Jeff Bezos 192 mil millones; Bill Gates 138 mil millones; Larry Page 128 millones; Steve Ballmer, 124 mil millones. Por supuesto, la lista es mucho más amplia, y si continuamos detallando pasaríamos el mal rato de sentir gran desprecio por tanto derroche a costa de los pobres de este mundo de negocios sucios, de comprar conciencias, de la tan lucrativa actividad del narco tráfico, de elevar los precios de vacunas salvadoras a costa del desprecio a los muchos de la humanidad, del robo, la estafa, y hasta de emplear a niños para enfrentar trabajos agotadores y peligrosos a cambio de unas pocas monedas.

Bien dice el admirado intelectual Frei Betto que “Nuestra era puede definirse como el capitaloceno” y añade que hoy dia “el poder del capital habla más alto que el derecho a la vida de los seres humanos y la naturaleza”. “Los más ricos son envidiados, cortejados, adulados y admirados, mientras que los más pobres son menospreciados, rechazados y excluidos.”  Pero lo increíble de todo este horror, es constatar que unos pocos deciden sobre el futuro de los muchos, velando siempre porque no se lesione ni un centavo sus riquezas. Y además, en el colmo de la hipocresía, hasta celebran reuniones internacionales para “debatir” sobre derechos humanos y democracia. Confieso que cuesta trabajo calificar tanta maldad, tanta afrenta a la dignidad de nuestros pueblos, como si fuéramos seres de clase inferior.

¿Hasta dónde puede llegar tanta desigualdad, tanto cinismo, tanto sufrimiento como consecuencia del desenfrenado egoísmo? No sé. De lo que sí estoy seguro es de la necesidad imperiosa de seguir luchando en contra del gran cáncer de la humanidad, y no dejar de denunciar tanto atropello al decoro.

Todos deseamos tiempos mejores, pero sin luchar por ellos no llegarán espontáneamente. En la contienda que se nos impone debemos ir con la certidumbre del triunfo, porque la quietud y la indiferencia son enemigos jurados de esta humanidad que sufre. No aceptemos limosnas de los mismos que nos explotan porque es un engaño. Ellos tienen una lógica aberrante: Vivo rico a costa de tu sudor, tienes que agradecerme por ello, te ofrezco una dadiva y, encima, tienes que agradecerme y admirar mi condición de buen emprendedor.

“(…) Es inmoral usar la propiedad privada a fin de aliviar los terribles males que resultan de la misma institución de la propiedad privada. Es, a la vez, inmoral e injusto. Oscar Wilde.

Autor: Silvio J Blanco / Radio Cubana

 

 

 

 

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