Ingenuidad, candidez…¿qué es?

Presidenta (E) de Venezuela, Delcy Rodríguez

Debo empezar por reconocer que no logro entender con claridad cuál es el propósito real de la Presidenta designada de nuestra hermana Venezuela, relacionado con el  Acuerdo sobre el petróleo firmado con EE.UU.   Al cabo, uniendo en un haz  múltiples hechos e informaciones, les presento a mis lectores  opiniones concretas.

La declaraciones, tanto del presidente Trump como las de la presidenta Delcy Rodríguez, coinciden en que es un “acuerdo de gran felicidad y provecho para ambas partes”, tanto que pareciera un mar de dólares y dicha. Pero no puedo evitar que mi mente se sienta golpeada con algunas interrogantes.

Antes del ataque y secuestro increíble de Maduro,  en una acción sin precedentes frente al mundo estupefacto, ¿sería posible que el presidente Maduro firmara un Acuerdo  bajo una lluvia de sanciones, atropellos de todo tipo incluyendo una guerra  mediática?…y mucho menos conociendo, como el mundo entero, la clase de personaje que es este señor Trump?

Precisemos algunas cuestiones: la actuación de la presidenta no resulta verdaderamente diáfana o coherente, porque no es posible que ayer se mantuviera, igual que Maduro en cuanto a su posición política frente al imperio, con una actitud muy definida de confrontación y no ceder ante apetencias de EE.UE.

Y hoy, ¡sorpresa! se aprecia, una actitud totalmente contraria, porque resulta evidente el inmediato deseo de acercamiento, complacencia, y hasta alegría por la firma de un Acuerdo que genera, por supuesto grandes preocupaciones, por una lógica desconfianza a los acuerdos con Estados Unidos.

Señora presidenta. Con el mayor respeto a usted, no solo por su investidura de presidenta, sino  sobre todo por su condición de mujer, hacerle algunas precisiones: al parecer usted no posee información elemental acerca de los llamados Tratados de Reciprocidad en los  que el imperio, históricamente, se ha llevado  en todos los casos la mayor y mejor tajada.

Tampoco conoce hasta qué punto puede llegar Estados Unidos en su papel de usurero mayor para lograr beneficios,  aunque sea a costa de utilizar las armas.

Por otra parte, dígame usted señora, ¿Cuándo ese poderoso país ha sido capaz de conceder beneficios que antes no esté precedido por un interés económico que siempre y en todos los casos lo beneficia?. ¿Cuándo ha tenido alguna acción desinteresada para contribuir contra el hambre en el mundo o cualquier desgracia ocurrida por fenómenos naturales?. ¿Cuándo se ha mostrado igual a todas  las naciones como se estipula en la Carta de las Naciones Unidas?. ¿Cuándo ha mostrado una sola acción de solidaridad y humanismo, como sí lo ha hecho mi querida isla de Cuba con mucho menos recursos y bajo un bloqueo brutal?.

Recuerde presidenta que este mismo emperador, en su primer mandato, no fue capaz, ni siquiera con su colonia de Puerto Rico, de una acción solidaria de ayuda ante los grandes daños que produjo un huracán en aquella isla; pero lo que sí hizo fue tirarle a la masa congregada en su presencia una gran cantidad de rollos de papel sanitario. Es muy fácil adivinar, entonces,  la madera con la que está hecho este emperador.

Definitivamente presidenta. Ya el lazo está colocado alrededor del cuello de nuestra querida Venezuela. No hay marcha atrás, o al menos de momento. Se ha cumplido otro empeño imperial a la vista de todos, porque se acaba de consumar un acto de piratería económica vulgar, que indudablemente tendrá consecuencias muy negativas para Venezuela, colocándola como víctima consciente del enemigo común de los pueblos. Se ha desconocido las proféticas palabras de nuestro Che cuando afirmó que “no se puede confiar en el imperialismo ni un tantito así”, una verdad que siempre y para siempre será así.

Me atrevo a recomendarle que estudie un poco la historia de Estados Unidos, y comprobará que nunca jamás se mencionan acciones humanitarias y solidarias con otros pueblos, pero sí atropellos, injerencia y crueldades sin límites que la humanidad tiene que condenar por siempre. Es por lo que, muy a mi pesar, estoy convencido que se ha cometido un gravísimo error suscribiendo este Acuerdo petrolero con el imperio.

Es que usted posiblemente no se ha percatado que en lo adelante su pueblo tendrá que sufrir las apetencias, históricamente demostradas de Estados Unidos, en su perniciosa y nunca satisfecha ambición de explotar pueblos, desconociendo el derecho  ajeno, y abultar así sus arcas para la guerra y la dominación. Note usted la sabiduría de unas palabras de nuestro José Martí: “…el tigre regresa agazapado: no se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene el tigre encima”.

Ya el mal está hecho. En lo adelante el imperialismo se nutrirá saciando su apetito incontrolado.  Se ha cometido un error muy grave, pero ya no habrá retorno, a menos que los pueblos decidan lo contrario. Unos no podrán dormir tranquilos al recordar el daño, pero otros soñarán y seguirán luchando por un mundo de paz, donde no tenga cabida la injusticia y la maldad humana.

Usted, señora, ¿no conoce el pecaminoso trayecto de EE.UU. a través de todos los tiempos, o lo que hicieron con los tratados de paz con sus propios indígenas, y que en todos los casos el propio gobierno de entonces resultaba siempre el mayor violador?. ¿No conoce tampoco que sometieron a aquellos infelices a tormentos inauditos o, simplemente, los asesinaban, demostrándose así que eran capaces de matar a sus propios padres fundadores?

Señora presidenta: es de supina ignorancia o quizás mala fé, que a estas alturas alguien desconozca lo que fue, que es, y que será los Estados Unidos si en su trayecto vergonzoso continúe encontrando a seres que sientan una enfermiza atracción por el imperio. R: la humanidad se convertirá en una inmensa masa deforme, tras la cual un señor llamado Tío Sam, los azotará para que marchen más veloces en el empeño de buscarle más y más recursos; o también en otro que, en su trineo y  a latigazos hace sufrir a la jauría con el mismo propósito.

Me cuesta mucho pensar que su actitud sea de ingenuidad o candidez. Más bien creo en lo contrario. Disculpe mi franqueza señora, es que no sé expresarme  con doble sentido. Hay errores que no deben, ni olvidarse ni perdonarse. Si sirvieran para algo sería para ganar experiencia, y no someterse jamás a emperadores enfermos de tanta maldad.

Unas preguntas para terminar: ¿Aún usted no conoce la opinión generalizada que hay en el mundo todo, respecto al presidente Trump?. ¿No se ha enterado que es un personaje detestado por todos, excepto aquellos que le sirven de montura?, ¿Tampoco se ha enterado que es coautor del genocidio que aún se comete contra los palestinos, y quiere para sí a países enteros como Canadá y Groenlandia? Y algo más: ¿tampoco se ha enterado acerca de su pretensión de convertir a los pueblos de América Latina en simples peones de su ajedrez, para succionarles también sus recursos?

Si le llegara el momento del arrepentimiento, en ese caso tendría la posibilidad de pedir perdón a su pueblo y sus hermanos de clase. Señora, sí es posible vencer al tirano y su cohorte, siempre que exista la unión y el coraje, pero no lo lograremos sirviéndole la mesa repleta de manjares.

Es muy evidente el objetivo imperial: ya están limándose la uñas para la fiesta de los millones, los pilares que sostienen el sistema, dígase la Chevron, Repsol, Shell etc.

Ni remotamente presumo de adivinador y menos profeta, sin embargo, me atrevo a asegurar que: el Diablo,-como diría Chavez- mantendrá su política de latrocinio, empeñado, no obstante las disposiciones del Acuerdo, en aumentar sus ventajas a toda costa aunque deba emborronar el papel que firmó; como económicamente ya tiene en sus manos a Venezuela, no se conformará con el petróleo y se dirigirá, ya sin el clásico disfraz del ladrón, en busca de otros recursos como el oro, el níquel, la bauxita y el hierro. ¿Por qué?, pues porque siempre existirán los ingenuos y los cándidos.

“De este pueblo del Norte hay mucho que temer, y mucho que parece virtud no lo es, y mucha forma de grandeza está hueca por dentro, como esculturas de azúcar”. José Martí

Autor

  • Silvio J. Blanco Hernández

    Silvio José Blanco Hernández. Colaborador del Portal de la Radio Cubana. Destacado y multipremiado periodista, escritor, asesor y analista de información. Es autor de libros como "La radio, técnica, arte y magia", y "Los programas informativos de la radio... Y algo más", entre otras obras y materiales investigativos con importantes aportes metodológicos al medio radial.

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