La integración: nuestro único camino

La Cumbre dio inicio con un minuto de silencio en honor a Fidel, «quien fuera precursor de la CELAC y un firme creyente durante toda su vida de una América Latina unida en la senda del progreso», según palabras textuales de Darío Medina, presidente del país anfitrión, durante la ceremonia inaugural del segmento de alto nivel de Jefes de Estado y de Gobierno, en la que estaba presente el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de nuestro país.

Fidel junto con Hugo Chávez, inspirados por Simón Bolívar y José Martí, constituyen paradigmas de la independencia y la unidad latinoamericanas y del Caribe.

América Latina y el Caribe enfrentan hoy serios desafíos. La globalización neoliberal impuesta desde hace décadas por el sistema capitalista mundial es ahora incapaz de dar respuesta interna y externa a las contradicciones generadas por ese mismo modelo;  como consecuencia se abre paso una etapa de aislacionismo proteccionista en Estados Unidos, un cierre de fronteras y la cancelación de tratados de libre comercio.

La economía más poderosa del mundo se retrotrae y deja a los países en vías de desarrollo que un día se afiliaron a sus cánones en un estado de orfandad, sin un punto al cual mirar.

El neoliberalismo -en franca crisis endógena- empieza a borrar su propia brújula para con ello también borrar coordenadas y puntos de referencia. El corolario final es un aturdimiento general en muchas partes del mundo.

Las naciones de América Latina y el Caribe no tienen más alternativa que mirar hacia sí mismas y con toda la voluntad política que precisa, poner en marcha el proceso de integración -tantas veces postergado y ¿por qué no?, subestimado por algunos estratos influyentes del capital nacional- como única vía para una prosperidad y desarrollo sostenibles que conlleven el bienestar económico y la justicia social de sus respectivos pueblos, contando con el debido respeto que merecen a su autodeterminación.

Al respecto el Presidente cubano Raúl Castro expresó allí en su discurso: «Sería deseable que el nuevo gobierno de Estados Unidos opte por el respeto a la región, aunque es preocupante que haya declarado intenciones que ponen en riesgo nuestros intereses en las esferas del comercio, el empleo, la migración y el medio ambiente, entre otras».

La unidad en la diversidad; la integración y la complementariedad productiva y comercial en el minuto actual no son una cuestión de buenos deseos; es en primer lugar un imperativo vital para la región y para cada país en sí.

A tenor con esta necesidad, el mandatario de la mayor de las Antillas señaló: «Por tanto, es imprescindible establecer cursos de acción comunes y hacer más efectiva la gestión de la CELAC».

Fueron temas relevantes, entre los muchos abordados durante el desarrollo de la Cumbre: la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos de América contra La Habana; el reclamo por la devolución a Cuba del territorio que ocupa la base naval de los Estados Unidos en Guantánamo; la continuación de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, declaración firmada por los Jefes de Estado y Gobierno en enero de 2014; el apoyo a la paz en Colombia; el respaldo al diálogo en la hermana República Bolivariana de Venezuela y nuestro apoyo incondicional a las hermanas naciones caribeñas ante los intentos de privarles del acceso a recursos financieros, en el enfrentamiento al cambio climático, y en su reclamo legítimo de reparación por los daños del colonialismo y la esclavitud.

Cuba también ratificó su voluntad «de continuar negociando los asuntos bilaterales pendientes con Estados Unidos, sobre la base de la igualdad, la reciprocidad y el respeto a la soberanía y la independencia de nuestro país, y de proseguir el diálogo respetuoso y la cooperación en temas de interés común con el nuevo gobierno del presidente Donald Trump».

Caminar unidos en la diversidad con la proa enfocada hacia la integración económica, la equidad y la protección del medioambiente constituyen retos que América Latina y el Caribe necesitan aceptar ante una realidad desafiante. Ello se resume en las palabras del dignatario cubano cuando afirmó: «Nunca ha sido más necesario marchar efectivamente por el camino de la unidad».

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