¿Qué era Cuba? Una simple muestra (IX)

Sin embargo, en la obra concreta, palpable e indiscutible, es donde se aprecia el verdadero valor de la Revolución cubana, no exenta, claro está, de insuficiencias y errores propios; y por supuesto, del hostigamiento permanente de los vecinos del Norte, empeñados vanamente en destruirnos.

Así reflexionando veo muy claramente a uno de los más empobrecidos poblados de la provincia de Pinar del Río, otrora llamada la Cenicienta de Cuba. El lugar en cuestión, es Paso Real de San Diego, perteneciente al municipio de Los Palacios.

Permítame entonces describirle, brevemente, cómo era la vida de sus habitantes en época de la República neocolonial, en la que sí existían varios partidos políticos y un sistema «democrático», «defensor de los derechos humanos», brindando sólo la opción de vivir en la más espantosa miseria. Veamos unos pocos ejemplos:

Lugar desolado, una sola calle pavimentada (el resto era de tierra); modesta estación ferroviaria; dos sociedades (una de blancos y otra de negros); viviendas en muy mal estado, muchas en situación crítica; una única familia contaba con televisión y no más de 4 con refrigeradores; tres iglesias (presbiteriana, bautista y católica); servicio público de electricidad prácticamente ausente; el agua de pozo; pobreza extrema; desempleo; muchos organizaban rifas para ayudar a los más desvalidos comprándoles alguna medicina u otro artículo imprescindible. Hasta aquí una muestra relampagueante y general. Agrego a ella dos vitales temas, la salud y la educación. 

La atención a la salud era prácticamente un sueño. A Paso Real lo visitaba cada cierto tiempo, un médico llegado de La Habana y al que había que pagarle sus honorarios; muchos morían en sus casas por no tener recursos para viajar a la cabecera provincial y mucho menos a la capital del país; existía una única partera del pueblo a la que llamaban «comadre» o «madrinita»; a la mayoría de las personas las atendía el boticario del pueblo, con tremenda voluntad y pocos conocimientos; en fin, una verdadera angustia permanente.

Acerca de la educación menciono brevemente lo siguiente: solo se contaba con una escuela primaria, y, por supuesto, ni hablar de escuelas especiales, ni técnicas, ni bibliotecas públicas, ni librerías. Absolutamente nada que favoreciera a aquel sufrido pueblo, que como muchos cientos en toda la isla, hasta desconocían el valor insustituible de la educación y la cultura; más bien se habían habituado a vivir como vivían, porque les parecía normal su papel en mansedumbre.

Por eso insisto, una y otra vez, en que no debemos olvidar, y así darnos cuenta   del enorme abismo que nos separa de aquel ignominioso pasado. Usted, con su inteligencia, le será fácil comprobar la diferencia. Intente conocer Paso Real de San Diego y comprobará la otra cara de la moneda.

 

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