Sanciones selectivas

Sin embargo, no es así. Con total impunidad, Don Dinero se permite el lujo de castigar también a cualquier nación que se le antoje, sin el más mínimo respeto y con desprecio absoluto a su soberanía.

Algunos, al parecer, ya se han habituado a esta costumbre de guapería y prepotencia internacional, como si tales acciones fueran normales. De tal manera, a nuestra mente llegan preguntas obvias de cualquier persona honesta: ¿con qué derecho se ejecutan tales vejámenes?, ¿quién se los ha otorgado?, ¿Será la Organizaci’on de Naciones Unidas (ONU) o quizás alguna organización del más allá extraterrenal?

Claro, Estados Unidos confiere el privilegio de ser inmunes a tales sanciones a aquellos países históricamente vendidos a los intereses imperiales. Al efecto, me parece curioso el ejemplo de Cuba hasta el 31 de diciembre de 1958.

Como es sabido, el pueblo de Cuba vivió muchos años de verdadero tormento bajo el régimen de Fulgencio Batista. Asesinatos, torturas, desapariciones, cadáveres de jóvenes tirados en cualquier cuneta, y un sinnúmero de problemas sociales entre los que sobresalían el analfabetismo, la insalubridad y un abandono total a las grandes masas.

Los yanquis no tenían problemas con nosotros. La explicación bien sencilla: éramos una colonia, teníamos como dueño al país más poderoso, el mismo que igualmente era amigo de un Pinochet y otros de la misma camada.

No importaba que asesinos y torturadores le arrebataran la vida a un cubano en cualquier esquina, encima de una mesa de tortura, o colgado de una cuerda. Nada de eso tenía importancia para los gringos. Como viví aquella época, puedo mencionar algunos nombres de muy triste recordación que se dedicaban a tales acciones en aquella Cuba «democrática» y complaciente.

Por ejemplo: José María Salas Cañizares (alias Masacre), sus crímenes más horrendos los cometió en Santiago de Cuba; Esteban Ventura Novo, dirigió las más grandes matanzas de jóvenes en la capital cubana; Conrado Carratalá Ugalde, fue quien torturó al inolvidable Sergio González (el Curita), le extirparon sus genitales, y luego fue vilmente asesinado. Esta bestia participó en la masacre del Castillo del Príncipe, disparando su ametralladora contra 500 presos políticos.

Claro, la lista sería interminable, no obstante le apunto un nombre más: Pilar García, quien era el jefe de la policía en La Habana. Este siniestro personaje implantó lo que se llamó el «método García» consistente en el asesinato por la espalda; desató una verdadera cacería contra los asaltantes al cuartel Goicuría; y decía insistentemente: «no me consulten nada…maten».

Y, por supuesto, todos estos personajes estaban autorizados y bendecidos por el sátrapa Batista y la complacencia de Estados Unidos que inyectaba cuantiosos recursos para derrotar a Fidel Castro y sus rebeldes de la Sierra Maestra.

Pregunta final: ¿POR QUÉ ESTADOS UNIDOS NO APLICÓ SANCIONES A AQUEL RÉGIMEN DE OPROBIO? La respuesta, aunque obvia, hay que mantenerla en alto, porque en sí misma constituye una denuncia perenne a la maldad, el egoísmo y la injusticia.

 

Silvio J Blanco

Octubre/2016

 

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