Vicios que lesionan el mensaje radiofónico

  • Fondo prácticamente en primer plano compitiendo con la palabra que, en muchas ocasiones, impide la comprensión.
  • Fondo con música y letra incluida y también en plano muy alto. El oyente recibe tres señales a la vez, es decir, la información, los acordes musicales y la letra de la pieza musical. Por tanto, la confusión es irremediable.
  • Una información periodística que, ¡increíblemente! se transmite con un fondo musical en segundo o primer plano, sumamente atractiva y, además para colmo, no sugerente con el tema. Resultado: Mensaje muy negativo.

El lector se percatará con estos simples ejemplos que tales vicios, tan negativos en todos los casos, atentan contra la palabra en la radio, lo que significa atentar contra su razón de ser. Además, hay que tener en cuenta que «todo lo que se transmite por la radio no necesariamente requiere fondo musical». Por ejemplo: Una noticia periodística no lo necesita imperiosamente y tampoco un editorial. Sin embargo, es imprescindible en una novela, un cuento o cualquier otro dramatizado para «afianzar o apoyar» lo que está ocurriendo. Puede estar presente también en un reportaje o una crónica.

Subestimar el nivel cultural de su interlocutor y de los oyentes

Realmente no es posible entender el motivo por el cual algunos se empeñan en inferiorizar, sobre todo en programas en vivo, a su colega ante el micrófono con las típicas preguntitas de «sabias que… o la afirmación de «a que no sabes…». Es ciertamente penoso, porque en gran cantidad de ocasiones quien pregunta o afirma es sobre algo sumamente conocido hasta por niños y niñas de primaria o secundaria y no es concebible que una persona adulta –y más aún en nuestros tiempos – sea ignorante al respecto. El resultado es el ridículo impuesto de manera involuntaria por el consabido vicio.

Conversaciones sin interés alguno para la audiencia

Produce muy mal efecto a la audiencia escuchar a locutores (as) conversando sobre temas superficiales o prácticamente sin importancia alguna para el oyente. De contar con algún grado de interés solo sería para ellos exclusivamente; pero no es todo, en muchas ocasiones toda una conversación, por demás muy extensa, se matiza con risas y carcajadas como si se tratara de un programa típicamente humorístico deseado por todos.

Tal parece que, en busca de amenidad, estos compañeros deciden hablar de cualquier cosa por insignificante que sea sin percatarse que al oyente no solo no le interesa, sino que –por demás- tales conversaciones no cumplen con función alguna en la radio. El entretenimiento sí es una función, pero no la intrascendencia, la superficialidad y lo nulo o vacío.

He escuchado en múltiples ocasiones temas tales como: «¿Fulana ya llegó? No, todavía no, parece que tuvo algún problema. Bueno, no sería la fiesta de ayer, creo yo. (risas de uno y otro). Otra: Lo de anoche fue grandioso; la fiesta como nunca imaginé. ¿Sabes quien estaba? Nada menos que tu amiguita. ¿a qué amiguita te refieres? Tú lo sabes bien chica, a María…!ah bueno, ahora sí! (muchas carcajadas).

Claro, reconozco que en los ejemplos anteriores utilicé el esfuerzo de la memoria. Quizás no fueron absolutamente exactos, pero eso sí, le aseguro que, al menos, muy parecidos. Y en definitiva, la radio no es para eso, no es una tribuna personal, no admite intrascendencia, la improvisación con una función sí, pero sin ella no. Todos comprendemos lo que es la amenidad, pero no debe confundirse con las tonterías. En la radio todo mensaje de cualquier tipo debe contar con un objetivo a cumplir, si usted no puede lograrlo reconózcalo y no se aventure al ridículo creyendo que lo está haciendo bien. ¡Disculpe la franqueza, lo he dicho con la mejor de las intenciones!

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