Otro engendro de la bestia (I)

Esta humanidad nuestra  tiene sus partos. Muchos, por suerte, resultan hijos insuperables del bien, hermosas criaturas que con su ejemplo se han ganado un sitial muy decoroso entre los pueblos y nos hace sentir aún optimistas en medio de la maldad. Pero otros han nacido retorcidos, como verdaderos monstruos empeñados en hacernos la vida insoportable.

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