Cuando narra una mujer …
A veces tiene que sujetarse porque la trama la hace flamear, la envuelve. Siempre halla el tono justo para la narración, más hay sacudimientos que la recorren, intensa, lentamente. Sin ir más lejos: grababa hace poco una obra sobre Quintín Bandera, el mambí; el instante del fallecimiento de su primera esposa, una joven que lo ama, que lo espera para morir…


¿Cómo se dibuja un jab con la voz? ¿Cómo anidar un gol en la red, un golazo, sin haber pisado la grama? ¿Cómo se levanta un país, todo un país, en un remate? Preguntémosle a Luis Alberto Izquierdo Valdés. Él tiene la respuesta. Él puede.
La radio está destinada a la grandeza. Es grande porque es humilde. Ella se aprieta a los latidos de la gente y es como un juego de espejos. Emociona, porque ella misma toca las emociones y las devuelve. Sabe hacerlo.
¿Por qué? ¿Por qué usted quiere tomarse una foto conmigo? Y dio un paso atrás… No era arrogancia, era temor. Una larga historia de escarnios le acompañaba, le había costado caro ser diferente.
Era el más grande. Es costumbre humana etiquetar, clasificar, catalogar. Alguien logra un bautizo feliz y allá vamos a repetir: los cuatro grandes de la trova, las cuatro joyas del ballet, las cuatro cosas. Ni una pizca quitamos a la grandeza de