13 de marzo, el sacrificio fue el ejemplo (+Infografía)

Siguieron por Vapor hasta Espada, doblaron derecha hasta encontrar San Miguel, por aquí hasta Campanario y de allí a la calle Dragones. Por esta siguieron hacia las cercanías del Palacio Presidencial.

Muchos de estos jóvenes viajaban a un gran combate otros hacia la eternidad. Minutos después de la partida del primer grupo, tres autos salieron del sótano de un edificio situado en calle 19 entre B y D para ir por 17 hasta la calle M.

Dos de los vehículos tomaron posiciones en las entradas de M por las calles 21 y 23, y el otro estacionó frente a la entrada del Radiocentro. De él, bajó José Antonio Echeverría quien estaba a punto de tomar la emisora Radio Reloj.

Ambas acciones ocurrían simultáneamente. Faure Chomón y Carlos Gutiérrez Menoyo encabezaban los 50 valientes que intentarían matar a Fulgencio Batista en el asalto al Palacio Presidencial.

Echeverría convidaría al pueblo a tomar las armas y levantarse contra el gobierno. Eran las 3:15 pm del miércoles 13 de marzo de 1957.

«Fructuoso Rodríguez y yo estábamos en un apartamento de la calle 6, entre 19 y 21, en el Vedado. A plena luz del día llevamos las armas para un Chevrolet gris claro del 52, tomé una pistola Star de ráfaga y dos granadas», recuerda Juan Nuiry, quien participó en la toma de Radio Reloj.

El 24 de febrero de ese año, el «New York Times» había publicado, en su primera plana, el reportaje que Herbert Matthews le había hecho a Fidel Castro en la selva.

La novedad estalló como una bomba en el régimen de Batista que hasta ese momento seguía asegurando que la fuerza guerrillera había sido aniquilada.

El mundo supo de Fidel y su «cruzada» y que estaba enfrentando con éxito a las fuerzas gubernamentales. Su figura se acrecentó y la leyenda de la guerrilla cobró dimensiones inusitadas.

La Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y su brazo armado, el Directorio Revolucionario (DR), tenían el compromiso con el Movimiento 26 de Julio de luchar contra el dictador Fulgencio Batista.

Tal acuerdo había sido rubricado en agosto de 1956 en México, con el propósito de crear un frente unido entre las principales organizaciones revolucionarias contrario al gobierno de facto.

El plan consistía en asaltar el Palacio Presidencial con un pelotón de 50 hombres que estaría cubierto por un grupo de apoyo, mientras que Echeverría, a la par, tomaría Radio Reloj, y después de anunciar al pueblo de Cuba la muerte del dictador, ocuparía las instalaciones de la Universidad de La Habana con el objeto de establecer allí su cuartel general y levantar al pueblo en armas.

El Directorio Revolucionario había puesto en marcha el ambicioso plan con la ayuda del Partido Revolucionario Cubano Auténtico (PRCA).

Al llegar al Palacio Presidencial, Carlos Gutiérrez Menoyo se abalanzó fuera del vehículo y abrió fuego contra en soldado que hacía guardia. Corrió hacia la verja del edificio, seguido por José Castellano (su segundo), Luis Almeida, Luis Goicochea, Humberto Castelló, Ángel Eros y el resto del escuadrón, y abrió fuego nuevamente, impidiendo que otro soldado cerrara la verja con el candado.

Después de abatir al sargento Ríos y al soldado Lugo, el grupo ingresó en la planta baja dividido en dos pelotones. El que comandaba Gutiérrez tomó a la derecha y el liderado por Alfonso Zuñiga a la izquierda.

Al verlos ingresar, la guardia presidencial abrió fuego con una ametralladora pesada montada bajo la Escalera de los Embajadores y alcanzó a varios asaltantes, uno de ellos, Faure Chomón Mediavilla, cayó de espaldas, gravemente herido.

El tiroteo se intensificó cuando los atacantes alcanzaron el primer piso. Tiros llegaban también desde la Iglesia del Ángel, donde guardias de Batista se habían atrincherado.

Mientras ello sucedía, en el edificio de CMQ, Echeverría, tomaba la estación de radio y se colocaba frente al micrófono para decir:

Pueblo de Cuba, en estos momentos acaba de ser ajusticiado revolucionariamente el tirano Fulgencio Batista. En su propia madriguera del Palacio Presidencial el pueblo de Cuba ha ido a ajustarle cuenta, y somos nosotros, el Directorio Revolucionario, los que en nombre de la Revolución cubana hemos dado el tiro de gracia a este régimen de oprobio. Cubanos que me escuchan, acaba de ser eliminado.

Nuiry, uno de los participantes en el hecho, rememora: «empezaron a leer las supuestas noticias, y a continuación el anuncio: ¡Asaltado el Palacio Presidencial! Luego se escuchó, en la inconfundible voz del Presidente de la FEU, la alocución dirigida al pueblo.Pero algo nos sorprende, estábamos escuchando por el radio del carro y, de pronto, se cae la transmisión, solo se queda el tic-tac».

En Palacio, habían llegado efectivos de la Marina de Guerra desde el retén de La Punta y se unieron a la lucha, sumándose a los defensores que disparaban desde la planta baja.

Los atacantes luchaban ferozmente. Carlos Gutiérrez y José Castellanos alcanzaron el despacho presidencial, seguidos por Luis Goicochea y Pepe Wanguemert. Arrojaron cuatro granadas, tres de las cuales no estallaron, cuando lo hizo la cuarta, ingresaron accionando sus armas automáticas.

Dos cuerpos yacían sin vida en el piso, pero del odiado dictador no había ni rastros. Según Goicochea, intentaron buscar algún pasadizo secreto que comunicara al despacho con las habitaciones que Batista tenía en el tercer piso, pero no lo encontraron.

En Radiocentro, Echeverría, Fructuoso, Pedro Martínez Brito y el resto del escuadrón se abalanzaron por las escaleras y los ascensores, no sin antes acribillar a tiros la cabina de control.

Fue tal la premura con la que arrancaron, que el automóvil en el que viajaba Echeverría tomó una calle equivocada y se extravió. Debió haber agarrado por M hasta San Lázaro y ahí doblar por Jovellar, pero lo hizo por una ruta diferente.

Al intentar esquivar una tanqueta que avanzaba en sentido contrario, el conductor hizo una brusca maniobra y se estrelló contra un patrullero que les cerró el paso antes de cruzar la avenida. Los policías intentaron retroceder, pero Echeverría lo impidió, saltando del vehículo y disparándole al conductor.

En ese preciso momento fue alcanzado por una descarga que lo tumbó sobre el asfalto y al intentar incorporarse para devolver la agresión, recibió una ráfaga de metralla que lo mató en el acto.

Los otros autos tomaron por M. El de Fructuoso subió por San Lázaro y paró delante de la Escalinata. Él y Joe Westbrook la subieron a pie. El carro de Julio García Olivares dobló por 25 hasta J y subió por esta hasta la Universidad. Fue el único auto que pudo llegar a la Colina universitaria.

Ya en el Palacio Presidemncial, Gutiérrez y sus hombres abandonaron el despacho de Batista y se abalanzaron por una escalera de caracol para subir hasta el tercer piso, convencidos que allí se encontraba el dictador. No pudieron, estaban escasos de municiones y con un arma encasquillada.

En la segunda planta, Machadito le dijo a Gutiérrez que bajase en busca de los refuerzos, propuesta con la que aquel estuvo de acuerdo. Este se incorporó, seguido por Castellanos y cuando se disponía a descender las escaleras fue alcanzado por una ráfaga proveniente de las azoteas los abatió a ambos.

Machadito los vio caer y en ese momento comprendió que el asalto había fracasado. Las municiones eran escasas, con una importante cantidad de muertos y heridos y el pelotón de apoyo no aparecía.

El grupo de apoyo, provisto de fusiles, diez ametralladoras calibre 30, igual número de fusiles automáticos y una ametralladora pesada calibre 50, montada sobre el eje de un camión, debería apoderarse de los edificios próximos a la sede de gobierno (el Hotel Sevilla, la Escuela de Bellas Artes, la Fábrica de Habanos) y desde allí abrir fuego sobre la guarnición defensora, apostada en las azoteas del Palacio.

Pero al no llegar los cincuenta asaltantes quedaban solos dentro del Palacio, que se tornaba una trampa mortal. En un acto de arrojo sin precedentes, Machadito les dijo a sus compañeros que evacuaran el lugar mientras él los cubría. Los que estaban a su lado descendieron las escaleras a la carrera y una vez en planta baja, evacuaron la majestuosa instalación en diferentes direcciones.

Machadito logró escapar, seguido por Berto Valdez y Evelio Prieto, en dirección a la calle Monserrat. Juan Pedro Carbó Serbiá, Wanguemert y Goicochea y lo hicieron por el Parque Zayas, corriendo desesperadamente a través de la calle hasta que fueron alcanzados los dos primeros; Goicochea alcanzó la calle Villegas y por ahí se internó en la ciudad.

Entre veinticinco y treinta asaltantes perecieron ese día. Dos más cayeron en la siguiente jornada, en diferentes enfrentamientos y el 20 de abril fueron acribillados Fructuoso Rodríguez Pérez, Carbó Serviá, José Machado Rodríguez (Machadito) y Joe Westbrook Rosales.

Producto de una delación, una partida policial encabezada por el oficial Esteban Ventura irrumpió en el edificio de la calle Humboldt 7, donde se habían refugiado y los mató sin miramientos.

Las fuerzas regulares, por su parte, tuvieron cinco muertos y 28 heridos, muchos de ellos de consideración. El ejército rebelde escuchó la noticia del fracaso con cierta consternación dado el elevado número de muertos que se habían producido.

Cuando apagaron el equipo de radio, Fidel manifestó que hubiera preferido contar con José Antonio Echeverría ahí en la Sierra, junto a él, que perderlo inútilmente en un ataque sin sentido e imposible de concretar, pero ya era tarde para lamentos.

En la primavera de 1957 la FEU y el Directorio Revolucionario, llamado a partir de ese momento «13 de marzo», perdió a sus líderes. La represión obligó a muchos a tomar el exilio o a esconderse. Faure Chomón vivió y abrió un frente guerrillero en Las Villas. Como dijo Echeverría «la sangre señala el camino». La de estos jóvenes lo hizo.

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