Una pintura en la pared

Este centro educacional surgió el 4 de enero de 2002 para acoger a los niños con autismo y la célebre escritora había fallecido el 21 de marzo del año anterior. Por ello, se decidió que la escuela llevara su nombre, para honrar a quien dedicó gran parte de su obra a incentivar la imaginación de los niños.

Dora Alonso no siempre fue una escritora famosa y quizás no es conocido que el 2 de abril de 1988 escribió una «Carta autobiográfica al Patito Feo» motivada por la fecha en que se celebra el Día Internacional del libro infantil, en homenaje al natalicio del escritor danés Hans Christian Andersen, autor de inolvidables cuentos infantiles.

En esa conmovedora carta, le cuenta al patito que de niña era muy fea, lo que la convirtió en blanco de burlas de los niños de su pueblo. Solo se sentía feliz entre los árboles y algunos animales que siempre la acompañaban.

Cuando tenía 10 años le regalaron un libro en el que descubrió la historia de un patito tan feo y triste como ella, pero al final dos grandes y bellísimas alas blancas lo elevaron sobre el corral, hasta situarlo en el espacio azul, entre la luz más pura.

En ese instante algo cambió dentro de ella y surgió el deseo de hacerse valer y afirmó: «La vida es generosa y a todos ofrece cabida, caminos y horizonte, siempre que no perdamos el valor o no nos falte la voluntad».

A partir de ese día, su vida se transformó y comenzó a observar todo lo hermoso y bueno que descubría a su alrededor. Creció y se hizo una muchacha con la aspiración de ser escritora, lo cual logró con gran esfuerzo al sobreponerse a cualquier dificultad.

Así, Doralina, como realmente se llamaba, se convirtió en Dora Alonso y con su obra contribuyó a mantener viva la fantasía de niños y adultos.

De igual forma, los maestros de la escuela que hoy lleva su nombre, realizan una labor diaria y persistente para estimular el desarrollo de los niños con autismo.

Estos hasta hoy, no son capaces de comprender, que la pintura en el vestíbulo de su escuela tiene alguna relación con la obra de la escritora y que el cochero azul viaja por un mundo imaginario.

Es posible que algún día lo logren. Por ahora, su familia y sus maestros se conforman con que puedan distinguir, que en ese dibujo en la pared hay un cochero y un caballo de color azul.

Aceptar esta idea no fue obra de un día, pues como ocurre con cualquier familia, la llegada de un hijo es un suceso emocionante, lleno de sueños, ilusiones, expectativas y mucho antes de nacer, los padres se preguntan que será cuando sea grande y si sabrán conducirlo por el camino de la vida. Imaginan la alegría de verlo crecer sano, feliz y de disfrutar cada uno de sus logros.

Al principio sus hijos aparentan tener un desarrollo normal, pero poco a poco los padres sienten que se aíslan en un mundo propio.

Dejan de comunicarse, no miran a los ojos, prefieren ver televisión, no les interesan los juguetes ni jugar con otros niños, realizan movimientos raros, lloran o se ríen sin razón aparente, no tienen motivación por aprender, no se dejan abrazar o son incapaces de expresar sus emociones y sentimientos o dar un simple beso.

Cuando reciben el diagnóstico de autismo, la mayoría se pregunta: ¿Y qué es el autismo? Con el tiempo aprenden que es un trastorno del desarrollo que afecta la comunicación, las relaciones sociales, con un repertorio de intereses restringido, estereotipado y repetitivo,  que provoca además, problemas en el área cognitiva en mayor o menor medida.

Esto conlleva a muchas emociones y reacciones diferentes, con un período de depresión, dudas, sentimiento de culpa, no aceptación, frustración o una búsqueda incesante de diferentes criterios diagnósticos e información sobre el tema.

Los padres desean que su hijo logre hablar e insertarse en una escuela de enseñanza regular. Algunos lo consiguen, pero es un camino tortuoso, lleno de incomprensiones e incertidumbre.

Aún la sociedad no está preparada para afrontar esta realidad; muchas veces la familia percibe el rechazo hacia su hijo y de alguna manera sienten que es el patito feo.

No obstante, lo más importante no es que sepa matemática o historia, lo fundamental es que logre valerse por sí mismo, que sea independiente de sus padres, que aprenda a vestirse, bañarse, cocinar, lavar la ropa, que pueda ir al mercado a comprar su propia comida o aprender algún oficio, en fin caminar solos por el mundo. Como escuché recientemente decir a un padre: «esa es su matemática» y esta sí es una tarea ardua y difícil, pero necesaria, pues los padres no son eternos.

Lamentablemente un elevado porciento no lo logrará, pues en el amplio espectro del autismo existen diferentes niveles de desarrollo y pocos alcanzan esa total independencia. La ayuda de la familia es primordial, pero a veces no es suficiente. Por ello, es importante prever este problema social aún no resuelto.

Y quizás es coincidencia, aún no lo sé, que cada 2 de abril se celebre el Día Mundial de Concienciación Sobre el Autismo, fecha propicia para que todos conozcan que existen niños y adultos con este trastorno, que en apariencia viven en su propio mundo.

Pero en realidad, son parte de nuestra vida, en la que todos tenemos cabida, caminos y horizonte, mientras no nos falte la voluntad para intentar que un día logren comprender, el significado de una historia o una pintura en la pared.

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