El tigre acecha

 Naturalmente, los métodos que utiliza para su detestable papel ya son muy conocidos: unas veces se esconde detrás de la maleza para lograr su objetivo, pero en otras ataca sorpresivamente sin tener en cuenta disposiciones internacionales contrarias a su accionar.

Pero además, ha descubierto un recurso novedoso que le brinda iguales resultados para apoderarse de lo ajeno, es decir, el «golpe blando».

¿En qué consiste?. Pues, entre otras medidas, la víctima ha de enfrentarse a un complejo y diabólico mecanismo: crear artificialmente la imagen de un criminal al frente de un gobierno; aplicar sanciones económicas; favorecer la subversión interna; fomentar la desunión y el desánimo; acusar de corruptos a sus principales dirigentes y, por supuesto, mediante el papel protagónico de grandes medios de comunicación.

Y todas estas medidas se envuelven en unas etiquetas utilizadas miles de veces para ser consecuentes con la falsa idea de que una mentira pronunciada miles de veces llega a ser una verdad.

Estas son las principales: «apoyar el terrorismo», «favorecer el narcotráfico», «violar los derechos humanos y la democracia». En fin, ya usted sabe…Es decir, aquel tigre del que le hablé ha transitado, desde 1776 hasta nuestros días, por un camino pecaminoso que va desde las cañoneras y la guapería internacional hasta métodos mucho más sutiles representado muy bien por el «golpe blando».

Pero atentos, ¡mucho cuidado! Jamás renunciarán a la guerra, porque en definitiva, la confrontación en caliente es su negocio ideal para salir adelante de sus propios problemas económicos.

Vea para comprobarlo cómo y para qué quieren cercar a todo el mundo de bases militares. ¿Para eliminar el hambre? ¿Acabar con la insalubridad en muchos países pobres? ¿Contribuir a aliviar los efectos nocivos del cambio climático? ¿Qué reine la justicia social? ¿Se entierre para siempre el analfabetismo a escala global? Bueno, usted sabe igual o mejor que yo cuál es la respuesta.

«Cesen los soberbios, y cesará la necesidad de levantar a los humildes», José Martí

 

 

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