Fidel: paradigma de una época

Lo que acabo de espresar es axiomático; el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana constituye un paradigma. Es el calificativo más exacto que encuentro para el intento de apresar la inmensidad de un hombre en definiciones léxicas, por más exactas que supongamos sean.

La condición paradigmática de Fidel parte desde su propia condición humana. Es el resultado del crecimiento de lo trascendente, muy por encima de lo que nos limita dentro de las coordenadas de tiempo y espacio.

No es nada sencillo convertirse en paradigma de épocas y generaciones como lo es Fidel; precisamente lo es porque jamás se propuso serlo. Esa condición es fruto, en primer lugar, de su coherencia: esa profunda e indisoluble relación entre el pensamiento, la palabra y la acción.

Coherencia que surgió, creció y se consolidó por una firme lealtad a sus principios y una sabiduría que siempre nos motivó a hacer en cada momento lo que cada momento exige que hagamos.

A Fidel se suma su atributo pedagógico; es un maestro de ideas sin habérselo propuesto, en su cotidianidad cada día aprendemos algo nuevo. Lector incansable, imbuido de un pensamiento analítico y crítico poco común, ha reconocido e interpretado los signos de los tiempos con una formidable capacidad organizativa para encontrar soluciones y dar respuesta contundente a cada reto.

En todos sus discursos -sin una sola excepción- así como en sus Reflexiones, aprendemos cada vez una nueva lección de historia, humanismo y ética.

Fidel es un líder del pueblo. Cada intervención suya frente a multitudes constituyó, más que un discurso un diálogo, un interactuar con el pueblo. Junto con Fidel pensamos y decidimos juntos en cada circunstancia histórica de nuestra vida patriótica por complicada que la situación haya sido.

Es por ello que a su persona se incorpora el sentir y el accionar de la gente de buena voluntad, tanto de Cuba como del mundo entero.

Sumemos a nuestro líder histórico su vocación de servir al pueblo y a la patria; ser el incansable soldado, intelectual, trabajador y estudiante que jamás dudó en quitarle horas al sueño cuando del bien patrio se trata. Se añade a esa disposición patriótica de servir, la categoría de eterno joven que posee; sí, porque la juventud no se mide por la edad sino por la frescura y la universalidad del pensamiento, por la dialéctica que le caracteriza.

Claro ejemplo de la eterna juventud de Fidel lo constituye la definición que nos legó acerca del concepto de Revolución, cuando expresara: «Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado…; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos…; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio…; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y de las ideas…, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo».

Sin duda alguna, esta definición refleja la dinámica de nuestro proyecto social y deviene guía para el continuado examen y rectificación en nuestro andar.

De él seguimos aprendiendo muchas cosas: su valor ante el enemigo que con tanta saña en múltiples ocasiones conspiró contra su vida; como si un ideal legítimo y una causa justa y noblepudieran apagarse con la ausencia física de su inspirador.

Aprendemos también de Fidel su humildad porque jamás ha pretendido la gloria personal; parte de ello es su espíritu autocrítico, caer en la cuenta de cualquier error y tener la virilidad para darlo a conocer públicamente, poniendo en marcha su rectificación.

Esto y más que pudiera escribir explica por qué «Fidel es Fidel”, como con exactitud expresara de él su hermano de sangre, ideas y combate, nuestro General Presidente Raúl Castro Ruz.

Esto y más explica también por qué su estatura de líder mundial respetado y querido por los seres humanos más honestos y humildes del mundo a quienes también llega su pensamiento humanista,el cual incluye la preocupación en cuanto a los destinos de esta casa común, nuestro planeta La Tierra, amenazado por los flagelos de la guerra, las pruebas nucleares y una latente amenaza de exterminio masivo, tanto como el desequilibrio ecológico y medioambiental que la ambición de unos pocos ha hecho hoy una realidad terrible.

Hoy Fidel llega felizmente a la edad de 90 años; una existencia que ha consagrado al bien de su pueblo y de todos los pueblos del mundo. Celebrar esta fecha es derecho y deber de cada ser humano que se considere como tal; que sienta correr por sus venas la aspiración de un mundo mejor; que perciba en carne propia la injusticia cometida contra los oprimidos.

Es nuestro Fidel: el de los cubanos y de todos los ciudadanos de buena voluntad en cualquier confín del mundo. Es el ejemplo de cómo una Revolución es posible e invencible en cualquier lugar del planeta, por pequeño que geográficamente sea, cuando existe un líder que piensa y actúa como lo hace él, y un pueblo que lo acompaña y apoya convencido de la grandeza de sus ideales.

Fidel ha sido y es nuestro paradigma; el de esta época y de muchas otras que vendrán porque nos acompañará siempre esa capacidad suya de trascender; desde el primer momento en que nos guió para hacer una Revolución más grande que nosotros mismos. Así es Fidel, así lo sentimos y lo llevamos en el corazón, la mente, los poros, en cada átomo de nuestra piel y de nuestras neuronas.

Así es Fidel, el guía incomparable de épocas y generaciones que sigue y seguirá acompañándonos en cada jornada, en todos los caminos.

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