Fidel y el Manifiesto a la Nación

Aquel documento circuló clandestinamente por toda Cuba burlando la saña de la tiranía batistiana. Con el título «Mensaje a Cuba que sufre», aquel joven abogado y revolucionario que devino en Líder Histórico de la Revolución Cubana, denunció desde la prisión los horrendos crímenes perpetrados por la soldadesca contra los asaltantes, así como las arbitrariedades de la farsa de juicio orquestada en su contra y de sus compañeros encarcelados junto con él.

Con los convincentes argumentos y la viril energía que siempre lo caracterizaron, Fidel escribió entonces: «Con la sangre de mis hermanos muertos, escribo este documento. Ellos son el único motivo que lo inspira. Más que la libertad y la vida misma para nosotros, pedimos justicia para ellos. Justicia no es en este instante un monumento para los héroes y mártires que cayeron en el combate o asesinados después del combate: ni siquiera una tumba para que descansen en paz y juntos los restos que yacen esparcidos en los campos de Oriente, por lugares que en muchos casos sólo conocen sus asesinos; ni de paz es posible hablar para los muertos en la tierra oprimida».

El Manifiesto a la Nación esbozó, asimismo, el programa que preveía desarrollar, ampliamente detallado en La Historia me Absolverá -alegato con el que ejerció su propia defensa el 16 de octubre de 1953- que circularía íntegramente bajo ese título, como Manifiesto del Movimiento 26 de Julio.

Continuador de los ideales de nuestro Apóstol José Martí,  Fidel subrayó: «Espero que un día, en la patria libre, se recorran los campos del indómito Oriente recogiendo los huesos de nuestros heroicos compañeros, para juntarlos todos en una gran tumba, junto a la del Apóstol, como mártires que son del Centenario y cuyo epitafio sea un pensamiento de Martí: Ningún mártir muere en vano, ni ninguna idea se pierde en el ondular y en el revolverse de los vientos. La alejan o la acercan, pero siempre queda la memoria de haberla visto pasar».

En ese indómito y mil veces patriótico Oriente cubano; en la Ciudad Héroe de Santiago de Cuba, reposan junto a Martí los restos de muchos patriotas de nuestra Historia contemporánea cerca de Céspedes y Mariana, -padre y madre de la Patria por derecho propio-, hijos dignos de tan gloriosa estirpe.

Allí reposan también las veneradas cenizas de nuestro Líder Histórico quien, junto a todos ellos, continuará por siempre multiplicado en los corazones y mentes de cada cubano y cubana para defender todo lo alcanzado por la Revolución y proseguir su obra imperecedera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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