Los libros, la Feria y la pasión por la lectura

Cada año, el archipiélago cubano tiene una cita con el libro.

La Feria del Libro, cuya sede central es la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, se extiende luego, durante los primeros meses, a las principales ciudades del archipiélago.

Resulta una vitrina para mostrar las últimas producciones editoriales, un instante para valorar a los autores, para el abrazo entre creadores y lectores, para el merecido homenaje a personalidades e instituciones.

Estar cerca del libro, me ha permitido aquilatar el gigantesco esfuerzo y ver las tensiones para cumplir con los planes establecidos. Un libro va más allá de su autor, es un proceso que implica a las casas editoriales, a los editores, diseñadores, ilustradores, impresores, promotores. Todo eso en medio de nuestras carencias y fulgores.

El deseo de estar allí, en la fiesta del libro, es legítimo. Sin embargo, lo esencial no es la feria en sí, sino la ganancia que deja. El apremio en materia editorial se paga caro, porque no genera buenos libros. Un libro feo es como una pedrada. La promoción tiene otro tanto.  

No basta dar a conocer el programa, mencionar hora, lugar y autor. Se ha de invitar y se ha de convencer. En la radio cubana existen experiencias hermosas en tal sentido, con espacios y secciones dedicadas al libro, a la poesía, a los autores; pero todavía no se exprime lo que cada libro da.

El mundo de hoy es interactivo, interconectado. No es que se haya dejado de leer, es que se han multiplicado las maneras de hacerlo. Por eso, entrevistadores, autores, especialistas del libro y  promotores han de tomar por asalto ese universo digital, ese universo audiovisual.

Un libro no tiene recetas, cada uno genera su propia manera, y la seducción a la hora de invitar a leerlo, es capital. No se puede obviar al lector contemporáneo. Sin lectores no habría libros ni tendría sentido feria alguna.

Un libro es un amigo que te sale al camino, decía José Martí. No uno de ocasión, no un volumen que compras en una feria; sino un amigo que te puede acompañar toda la vida. Y no decide si el soporte es una tableta o si es el papel. Al fin y al cabo, lo importante es la luz que te regala, la enseñanza que te incorpora, el mundo que te abre,  la huella que te marca.

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