Un orate muy peligroso

Debo confesar que, al intentar calificar al señor emperador y presidente de Estados Unidos –para desgracia de esta humanidad- paso mucho tiempo en busca del calificativo que mejor responda a sus características ¿humanas?. Y claro, creo que este tipo es el ideal para un estudio profundo por muy renombrados psicólogos, psiquiatras, sociólogos, politólogos, y hasta brujos si se entiende necesario.

Sus afirmaciones, de inmediato divulgadas por los medios, nos dejan estupefactos, asombrados y, en definitiva, recibidas con gran indignación. ¡Y pensar que este señor nos pueda conducir a una cueva sin retorno! Cuando hablo de su perversidad, siempre lo asocio a una fiera de la selva que de una dentellada mata a un animal, y se retira satisfecho hasta que comete otro crimen, y otro y otro.

Deseo recordar algunos de sus deseos, anunciados al mundo como algo natural: querer para él, porque él es Estados Unidos, a Canadá; con el mismo propósito a Groenlandia; pasar al Golfo de México como una propiedad más de EE.UU. y, consecuentemente, cambiar el nombre por Golfo de América; secuestrar a un presidente de nuestra América mediante la fuerza militar y matar en la acción a un gran grupo de hombres; y de inmediato llevarlo para su país para ser juzgado por cargos que ellos, y solo ellos, le imputaban. No los canso más, usted conocerá estos hechos también referidos a Venezuela.

Otra de las salvajadas y prepotencia de ese “buen” señor… -digo “buen” para que no me acusen de mal educado- es asegurar, con relación a Cuba, que “tendré el honor de apoderarme de Cuba de alguna forma” y en otro aparte de su congénita guapería decir, sin sonrojo alguno, que puedo hacer lo que quiera con la Isla. Claro, ambos ejemplos constituyen el colmo de la ignorancia, la estupidez, y la prueba más fehaciente de contar con las neuronas más anémicas y en metástasis de inteligencia que  pueda concebirse.

Claro, también es una consecuencia de estos partos anómalos que tiene el imperio. Porque alardear tan burdamente de su guapería, lo retrata tal cual es, la cabeza más sobresaliente de un monstruo, condenado al fracaso. Porque decir, que se tomará a Cuba de alguna forma es concebible solo en bestias, y ellas no poseen sentido de la lógica  y mucho menos inteligencia. En definitiva, es como dijo ese gran hombre de la patria cubana, nuestro Antonio Maceo, “quien intente apoderarse de Cuba solo recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, sino perece en la contienda” .

En definitiva, no debo excluir el caso del pueblo de Irán. Este señor, con el mismo talante y forma dice que el país entero  “podría ser devastado en una sola noche, y probablemente podría ser la de mañana”. Vea usted cuanto desprecio por un país que él y solo él, entiende que hay que arrasar porque, entre otras razones, asegura que esa nación posee armas nucleares y eso no puede permitirlo, aún cuando ya se conoce que la OIEA certificó en un informe que Irán no posee ese tipo de arma.

Pero no importa, Trump insiste en hacer con ese pueblo el genocidio que se ha hecho con Palestina. Entonces, lo más curioso es conocer que nadie en este mundo, como la propia ONU, muchos gobiernos, instituciones y organizaciones de todo tipo, denuncian, con nombre y apellido, al gobierno de Estados Unidos por querer como imperio, ser el único país que SÍ PUEDE ESTAR DOTADO DE ARMAS ATÓMICAS, y querer borrar de la faz de la tierra a todo país que le parezca “sospechoso”.

En estos momentos en que escribo estas líneas, hasta el Papa en el Vaticano está hablando de que cese la guerra que está desangrando a Irán; múltiples marchas con muchos miles de ciudadanos pidiendo el fin de esta contienda que ya ha matado a miles de seres; movimientos progresistas de gran parte del mundo con el ya clásico letrero de NO KING; y por supuesto protestas de personalidades de todo el mundo y de todas las manifestaciones culturales.

Es decir, es como un grito ensordecedor que busca la paz en medio de la maldad para salir de la penumbra y empezar a acariciar nuevas luces, a la que no debemos renunciar jamás.  No es posible acostumbrarnos a la idea de que un solo hombre, cargando tanta maldad en su espalda, sea el culpable de tanto sufrimiento de la humanidad. Y si ese hombre persiste en su tarea, entonces no hay remedio: como dijo el ilustre revolucionario mexicano Emiliano Zapata: “El que quiera ser águila que vuele, el que quiera ser gusano que se arrastre…pero que no grite cuando lo pisen”

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