El arte radiofónico
Desde el mismo surgimiento de la radio se ha visto cómo las energías productivas y analíticas aplicadas en el campo tecnológico han sido superiores a las invertidas en su dimensión artística. Muchos no han tomado en cuenta el carácter subjetivo de la transmisión de los mensajes, de imágenes y lo caracterizan como aspectos especulativos y de no asentarse en claros y serios fundamentos de carácter científico, por tal razón excluyen a las ideas, emociones y valores. Aceptar ese desalojo haría imposible el estudio del arte en general y del radiofónico en particular.


En aquel verano de 1966 disfruté como todo el pueblo aquellas transmisiones que llegaban por las ondas nacionales de Radio Progreso, cuyas emisoras repetidoras repartían por toda la isla la voz amiga e inconfundible de Eddy Martin, que me dejaba ver cada gesto y cada jugada a través de mi amiga la radio. Entonces solo conocía lo que se había publicado sobre el Cerro Pelado y la odisea de nuestra delegación deportiva para trasladarse a San Juan, Puerto Rico, pese a la negación de que arribaran a naves aéreas y marítimas cubanas.