Sagua la Grande ha dado a Cuba grandes artistas; uno de ellos fue Enrique González Mántici. Sería imposible referirnos a la música interpretada en Radio y Televisión, sin mencionarlo.
Hay vidas que se miden por lo que se ve cuando el silencio se rompe. La suya fue la de quienes edificaron un país desde el atril, entre partituras y programas de concierto, empeñado en sacar a la música cubana del salón para devolverla a la calle.
Este mes se conmemoran 114 años de su natalicio.Aunque a veces se le menciona de pasada, su huella permanece en la genética de la radio, el ballet y la músicasinfónica.
En los años cuarenta, cuando dirigía la orquesta de la emisora Mil Diez, introdujo música de concierto en la programación radial, estructuró programas con criterio musicalpropio, y puso a la orquesta de la emisora a interpretar un repertorio que hasta el momento parecía reservado a los teatros. Con ello defendió el concepto de que el oído popular puede y merece escuchar a los clásicos sin pedir permiso; conducta lo elevó entre los precursores de espacios radiales de música sinfónica.
Ajeno a cualquier criterio discriminatorio, abrazó la inclusión en un “palenque” de todas las expresiones artísticas con tal de que sean dignamente expuestas.
En 1938 fundó la Orquesta Riverside; décadas más tarde lideró como su primer director titular a la Orquesta Sinfónica Nacional. Con su quehacer pedagógico dejó discípulos y partituras anotadas con una minucia casi obsesiva: cambios de clave, golpes de arco, dinámicas señaladas en rojo para que ningún músico extraviara el rumbo.
Su obra como compositor, ha sido menos difundida que la faceta de director, siendo tan meritoria como la primera. En su catálogo figuran títulos comoPregón y danza, unConcierto para violín y orquesta, varios ballets y unaSinfonía concertante para cello y orquesta. En todas late la búsqueda, de una música cubana fiel a la técnica académica y sin disfraces.
Enrique González Mántici murió en diciembre de 1974. Su nombre aparece en programas de concierto y en alguna que otra semblanza, aunque sigue siendo, hasta cierto punto, un desconocido para el gran público. Nunca buscó el aplauso fácil; más bien se consagró a la tareade que la música cubana suene con sabor a sí misma, sin pedir disculpas, en cualquier sala de conciertos o en la radio.
Esas mismas radioemisoras nuestras que, en buena medida se mantienen rubricadas con su presencia.


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