Marrero: Periodista crecido desde la radio

Agradezco a mi entrañable colega Ángela Oramas Camero en Cubaperiodistas, que me apuntó a recordar al (y cito: “brillante periodista”) Juan Luis Marrero González, quien el pasado mes de octubre de 2022, hubiera cumplido 87 años de edad.Oramas pondera su trayectoria ética y radiante en Radio Voz, Radio Reloj, el periódico Combate, el diario Hoy,  la agencia Prensa Latina, el periódico Granma y Cubaperiodistas, fundador de los tres últimos.

Habanero de Lawton (1935, octubre 10), en humilde hogar, próximo al del luego Comandante Camilo Cienfuegos, con quien asistió a la misma escuelita primaria y solía jugar pelota en el barrio, le pediría a Oramas poco antes de morir por endocarditis, el 18 de junio de 2016, que se ocupara de la edición de su obra cumbre Dos siglos de periodismo en Cuba; “minutos después su mente retrocedió a la adolescencia y me dijo: tráeme la gorra que me regaló Camilo, tengo fría la cabeza”. Ella le llevó al hospital una gorrita verde olivo que, claro está, no era la que había alucinado.

Marrero, como ella siempre lo llamó desde que se conocieron en 1966 en el periódico Granma casados luego durante 44 años, era un inexorable fanático de la pelota, su primera vocación, por lo que muy joven, había participado en una competencia en México y al pasar de Prensa Latina a Granma, fue nombrado responsable del  Departamento de  deportes, sin dejar sus reportajes sobre sucesos nacionales.

Disfrutaba estas labores, pero tuvo que acceder al ser designado jefe de la Redacción Internacional, donde se destacó por su sabiduría en disímiles temas del panorama internacional, así como comentarista y creó la columna Sin punto y aparte.

Como enviado especial por Granma cubrió disímiles eventos tan importantes como los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Puerto Rico a bordo de la motonave Cerro Pelado, la guerra en Viet Nam, varias cumbres del Movimiento de Países No Alineados, el vuelo al cosmos del cubano Arnaldo Tamayo Menéndez en misión conjunta con la Unión Soviética.

Muchas de sus coberturas fueron para reportar los viajes del Comandante en Jefe Fidel Castro, al exterior. No existía entonces la facilidad de las tecnologías digitales, por lo que su trabajo lo estresaba enormemente al trasmitir para La Habana y, apremiado por el cierre del periódico, desde un teléfono o de un télex.

Oramas recuerda que al regresar de aquellos viajes, lo primero que deseaba comer en casa era arroz blanco, huevo frito y plátano maduro frito, pues añoraba este plato recurrente en la mesa desde su niñez; ayudaba en las tareas domésticas y en el cuidado de Yoana, la hija más pequeña, a la que solía recoger en la escuela y los sábados la llevaba a los juegos de pelota del colectivo del periódico Granma.

No era conversador y sí muy discreto: hablaba poco y había que sacarle con pinzas las anécdotas y experiencias de aquellos viajes, o encontrarlas en algunos de sus libros publicados, como Nos vimos en Puerto Rico, Apremiado por el cierre, El rostro de la victoria del socialismo, Prensa sin Retorno, Dos siglos de periodismo en Cuba, y aun hay otros dos en edición en la editorial Pablo de la Torriente Brau.

Según Oramas, su caligrafía era pequeña y preciosa, sin faltas ortográficas; conocía profundamente la gramática y era un impecable corrector de estilo y maestro en la sintaxis, aunque nunca alardeó de nada de ello pues ante todo, fue siempre un surtidor de modestia y sencillez, legado que le dejó a sus hijas e hijo: Rosa María, Juan Carlos, Yoana y Yaíma.

Lo recuerda muy exigente con sus subordinados, lo que la mayoría agradeció por tratarse de él, quien era el primero en exigirse rigor, transparencia e impecable redacción. Apenas usaba calificativos ni giros verbales. Fue un excelente maestro, aunque no elogiaba los buenos trabajos, de lo que se arrepentería en su vejez.

Para él el periodismo era magia, y ejercerlo un sacrificio y permanente compromiso con el pueblo y con la causa que se defiende; problema de mente y corazón, no solo de la profesión seleccionada, según confesó en la entrevista a Luis Hernández Serrano, del periódico Juventud Rebelde.

Graduado de periodismo en la Escuela Profesional Manuel Márquez Sterling (1958), fue profesor de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, y fundador de la Unión de Periodistas de Cuba (en adelante, Upec) desde 1963, de la que fue vicepresidente entre 1986 y 2013; desde 1983 fue elegido Presidente de la Comisión Nacional de Ética, responsabilidad que desempeñó hasta su deceso, sin dejar de escribir para Cubaperiodistas.

Entre los muchos reconocimientos y distinciones que recibió, se destaca el Premio Nacional de Periodismo José Martí (2003), que coincidió con el 150 natalicio de José Martí, Héroe Nacional.

Dos años después de fallecer, y gracias al empeño de la entonces vicepresidenta primera de la Upec Aixa Hevia, la editorial Pablo de la Torriente Brau publicó Dos siglos del periodismo en Cuba (2018), con cuarenta capítulos, que él mismo había presentado:

“Lo que ahora presento al lector es algo mucho más cercano a la historia del periodismo y la prensa en Cuba. Puede que hayan quedado fuera algunas publicaciones, algunos rostros, algunos momentos de esa historia, pero tengo el convencimiento de que lo más relevante, lo más transcendental, lo que mayor influjo ha ejercido en el desarrollo de la conciencia ética, patriótica y revolucionaria de nuestro pueblo, tiene presencia y el debido espacio en esta obra.”

Autor

  • (La Habana, 1957) Licenciado en Historia del Arte (1982) y Licenciado en Historia General (1986), Técnico Medio Superior en Arqueología (1984) y Técnico Medio Superior en Museología (1985), Doctor en Ciencias sobre Arte (2001) y Máster en Antropología con Mención en Antropología Sociocultural(2001), Diplomado en Historia General Contemporánea (2006), Profesor Titular de la Universidad de La Habana (2002) e Investigador Titular (Ministerio de Cultura y Ministerio de Ciencias, Tecnología y Medio Ambiente, 2004).

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