Cuando los ciberterroristas nos acusan de terroristas
Estados Unidos ni siquiera cuida las formas. Hace unos días pusieron a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo alegando circunstancias inverosímiles, y después anuncian que vence el plazo de una licitación del Departamento de Estado para que empresas privadas e instituciones académicas norteamericanas presenten proyectos para la Internet destinados al derrocamiento del gobierno de la Isla.
El premio es de 445 000 dólares y el objetivo, crear cursos de educación a distancia en tecnología informática, no para beneficiar a la población cubana, sino para entrenar a ciudadanos que luego puedan sostener un servicio de enlace a la red Internet a la carta -sólo para “disidentes”, blogueros y tuiteros de Washington- o convertirse en hackers de la red nacional.


Cuando el 24 de julio último el reverendo Lucius Walker, agradeció al Comandante en Jefe Fidel Castro, la formación gratuita de médicos de Estados Unidos en Cuba, nunca pensé que era su última visita a la Isla.
La radio es un proyecto de pensamiento permanente en él éter que brota desde la creación de contenidos, se dirige hacia los perceptores y vuelve a la fuente de origen. El fin de esta retroalimentación es consciente, porque previamente, la idea se convierte en guión, como producto necesario de la comunicación. La radio siempre necesita de un plan o proyecto ideal que la guíe a partir de las exigencias del oyente.
Cielo nublado en el municipio Hebi, provincia China de Henan. Ojos rasgados y sonrientes. Una ciudad en pleno desarrollo ante nuestros ojos. Desde hace más de dos años médicos cubanos caminan por estas calles. Desafían la nostalgia y el idioma.