Para no dejar morir un programa radial
Mantener la atracción del público sobre la programación en una emisora es como construir un edificio, donde hay que pensar en todo, y tener concretado con antelación la edificación que se quiere cimentar.
Experiencias constan donde se comienza una obra, excelente proyecto, magnífico impacto en el público, insertado en una variada programación, un equipo de realización bien seleccionado y de pronto la exigencia queda en la confianza que todos tienen en lo que hay que hacer en cada emisión. Así empieza a deteriorarse el proyecto, aparecen los cambios sin una sustentación real.


Su muerte fue un suceso oscurecido por la sombra del misterio. Algunos dicen que en su bebida —otros afirman que fue en la comida— había un ingrediente oculto, transparente, mortal. Se supone que una porción de vidrio molido lo acercó a su fin, para luego, según ilustran los cuentos que los más ancianos heredaron de sus padres, desaparecer sin dejar rastro.