Alicia Alonso, una presencia eterna
La Prima Ballerina Assoluta del Ballet Nacional de Cuba ha partido hacia la eternidad. Nos entregó un legado de cubanía universal cuando imprimió su sello distintivo a personajes legendarios del arte danzario como “Giselle”, uno de los papeles más emblemáticos interpretados por ella, cuya versión se considera la más fiel con respecto al original con libreto de Théophile Gautier y música de Adolphe Charles Adam, ambos franceses del siglo XIX.


Ya Lenin Moreno es solo una figura decorativa en la presidencia del hermano pueblo ecuatoriano. El verdadero y único presidente es el Fondo Monetario Internacional, la misma institución vampira que usurpó el gobierno y está haciendo padecer a los más humildes de ese país.
El pueblo cubano ha tenido que enfrentarse a un sinnúmero de agresiones de todo tipo planeadas y ejecutadas desde las refrigeradas oficinas de la cueva yanqui.
El 10 de octubre de 1868 la campana de La Demajagua tocó a rebato. Horas antes de la aurora su bronce vibrante convocaba a todos, lo mismo vecinos que capataces y esclavos, estos últimos a quienes se les otorgó la libertad al unísono del grito de ¡Levantémonos! Fue así como Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, hizo que batieran por vez primera las alas de nuestro hasta entonces indetenible vuelo de cubanía.
Estamos a 52 años de la caída del Che en Bolivia. Su entrega personal es la muestra más alta del internacionalismo y la solidaridad militante, esos que son práctica cotidiana en el pueblo cubano del cual es hijo por derecho.