Carmelo guinda el sable, pero sigue

¿Cómo realizó la penúltima etapa del recorrido La Habana-Baracoa-Maisí?

«La travesía entre Playa de Cajobabo y Baracoa fue bajo condiciones muy difíciles, con un sol fortísimo, y el aire siempre en contra».

Esta vez lo vimos llegar acompañado de otro ciclista…

«Sí, se trata del baracoense Arnaldo Lovaina Arias, un joven que conozco hace años y fue a encontrarse conmigo en Cajobabo porque temía que yo tuviera un accidente en el trayecto».

¿Hubo algún contratiempo?

«Por suerte, no, y me alegro de que Arnaldito con su cámara captara varias imágenes del recorrido, prueba fehaciente de que cumplí con todo lo que dije».

¿Qué había dicho?

«Que no me bajaría de la bicicleta en ninguna loma de La Farola. Y así fue. Llegué a la cúspide de cada una desecho, pero respiraba y continuaba».

¿Siempre es tan obstinado?

«Con esto de los recorridos, sí. Mira, el trayecto de las Vueltas a Cuba siempre va de oriente a occidente, con aire a favor de los pedalistas. Yo hace poco me pregunté: ¿podré a los noventa años imponer el récord que significa pedalear de occidente a oriente, en contra de la lógica? Pues lo hice, ¡y con qué viento!»

¿Solo tuvo el aire en contra?

«Yo enfrenté tres grandes obstáculos: el viento de frente, las montañas de La Farola –para mí desastrosas-, y la resistencia que hace al aire mi querida bandera cubana, fijada a un palo en la parte trasera de la bicicleta y que hace trabajar más fuerte.

Pero al final todo el pueblo conoció que un humilde ciudadano de este país dio un ejemplo al mundo a sus 90 años».

Usted dice que no es ciclista…

«No, por ningún concepto. ¿Dónde está mi traje de ciclista? Yo soy un bicicletero popular, simplemente».

Una vez confesó que sus andanzas de bicicletero comenzaron a los 57 años, para rehabilitarse. ¿Podría abundar sobre eso?

«En efecto, comencé a rehabilitarme en bicicleta, después de un grave problema de salud. Yo era jefe de un equipo de trabajo que inspeccionaba centrales azucareros y otros lugares donde hubiera calderas. En Palma Soriano, la irresponsabilidad de dos hombres que bebían ron provocó la explosión de una caldera por desatención a la válvula de seguridad del mecanismo. No hubo muertos, pero aquello levantó el techo y fue el acabóse.

Yo partí para Santiago de Cuba con un gran disgusto y en el camino infarté. Después me llevaron en avión para La Habana y en el cardiovascular me restablecieron la vida».

¿Qué sucedió después?

«Ah, pues yo hice cierta amistad con el director del periódico Revolución mientras compartimos el mismo cubículo del hospital para restablecernos. Como a los seis meses le dije que quería ir en bicicleta desde La Habana hasta Nuevitas, mi pueblo natal. Se alarmó, me dijo que yo había pasado las de Caín, que estaba loco y quería suicidarme. Yo reafirmé que haría el recorrido, y su reacción fue decirme: pues pa´llá va un reportero ahora mismo. Te va a tirar una foto y tú verás.

Publicaron mi foto en primera plana del periódico Revolución con un pie que hacía referencia a mi problema de salud, y otros datos. «Dudamos que llegue, pero si llega lo informamos», concluía el pie.

Así comenzó el cuento del ciclista solitario cubano».

Entonces, lo del periódico fue providencial.

«Bueno, el pueblo de La Habana se revolvió. Yo fui a Nuevitas, hice el viaje de regreso a la capital y mantuve la idea de restablecer mi salud mediante el ciclismo.

Tengo baches en la mente, pero eso fue como a los 57 años».

¿En qué bicicleta viaja?

«En la que pueda, porque yo mismo la pago. La de este recorrido hasta Baracoa y Maisí es japonesa, muy fuerte, con gomas usadas antes de iniciar el viaje».

¿Sigue alguna dieta?

«En general, lo mío es no fumar. Y como bien cuando puedo, pero nunca en abundancia. Lo que más agradezco es tener ensaladas, vegetales y frutas sobre la mesa.

Durante los recorridos no pruebo el ron. Puede que una cerveza no venga mal, pero en la comida».

¿Cuesta mantener la disciplina?

«Mira, sin disciplina no hay persistencia. He aprendido que la voluntad de vencer un objetivo es más poderosa que la fuerza para hacerlo».

Usted dijo que este viaje al extremo oriental de Cuba es una despedida.

Créeme que sí, que para recorridos largos voy a guindar al sable, porque agotan mucho».

¿Hacia dónde pedaleará con 90 años?

«Ya pedaleé hasta aquí. En lo adelante partiré de mi casa en La Habana hasta lugares como Pinar del Río».

¿Se acorta la leyenda del ciclista solitario?

«La leyenda de Carmelo no tiene tramos. Si tú llegas a mi barrio y preguntas donde vivo, hasta un perro responde. Eso cubre cualquier distancia».

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