Siempre resulta muy estimulante dirigirme a nuestros muchachos y muchachas que integran el gran mundo mágico de la radio, para que conozcan hasta qué punto llegaba el entreguismo de las autoridades cubanas al amo imperial de aquella época tan oscura de la neocolonia en nuestra querida Cuba.
Y como se dice, sin más preámbulos, les presento el discurso que pronunció Alfredo Zayas Alfonso, cuarto presidente de la República Neocolonial, caracterizada su gestión por la corrupción, escándalos públicos y, por supuesto, como una prueba contundente de vasallaje al amo yanqui. ¿Ocasión? Instauración oficial de la Radio en Cuba, un 10 de octubre de 1922:
“Desde la ciudad de la Habana, capital de la República de Cuba, tengo el gran honor de dirigir mi voz al pueblo de los Estados Unidos de América por el maravilloso invento inaugurado por la Cuban Telephone Company. Y deseo enviar a ese noble pueblo un cordial saludo, expresando los sentimientos de amistad del pueblo cubano y el anhelo de mantenerlos. Lanzadas mis palabras al espacio, llevadas por las ondas atmosféricas sobre los mares agitados y sobre las altas montañas, espero que penetrando en vuestros oídos, ciudadanos de la patria de Washington, llegarán hasta vuestros corazones y evocarán un eco como una vibración de afecto recíproco. Quiero expresar mis mejores deseos por la prosperidad, paz y progreso de vuestra República; por la felicidad personal de vuestro ilustre presidente; por la salud de su honorable familia y por el bienestar y alegría de todos cuantos viven en vuestra poderosa nación.
El día de hoy es para los cubanos una fecha consagrada a conmemorar el inicio, en 1868, de la guerra por la independencia, que durante diez años ofreció al mundo pruebas del más puro patriotismo, lleno de sacrificios y heroísmos, preparando así y haciendo posible el levantamiento en armas de 1895, que culminó con vuestra generosa cooperación en la independencia y el establecimiento de la República.
Nuestro amor a la independencia, heredado de nuestros antepasados y fortificado a través de torrentes de sangre y lágrimas, vive y vivirá siempre en nuestros corazones. Y me siento muy satisfecho afirmando esto ante el pueblo americano, porque ese pueblo reconocerá con placer que somos el mismo pueblo del cual vuestros representantes declararon en un solemne día, que era libre y de derecho debía ser libre. Estando tan cerca de vuestras costas, dentro del radio de acción de vuestra poderosa influencia comercial; y estando seguros, como lo estamos, de vuestro respeto, ¿y por qué no?, amor a hacia nuestras instituciones nacionales republicanas, deseamos mantener las más cordiales relaciones cimentadas en el propósito de una sincera inteligencia para el beneficio mutuo.
Nuestras riquezas naturales crecen de nuevo con rapidez, después de un período de perturbaciones que todas las naciones del mundo civilizado y sufrido y que algunas todavía sufren. La paz y la libertad están aseguradas en nuestro país. Nuestro crédito exterior está reconquistado por la pronta restauración de nuestras condiciones interiores normales y todas las probabilidades en el momento actual auguran un brillante porvenir inmediato. Con mis palabras pronunciadas en nombre del pueblo cubano, envío a los Estados Unidos la expresión verdadera de respeto y admiración a sus instituciones nacionales; de sincera amistad a su pueblo y de consideración a su gobierno. ¡Tres Vivas a la gloria de los Estados Unidos ¡, ¡ Tres Vivas a la absoluta independencia de Cuba¡
Y así terminó este señor. Menos mal, porque de haber continuado las náuseas serían insoportables. ¿Qué te pareció? Ojalá que coincidamos en las siguientes apreciaciones:
a) si alguna virtud se le puede adjudicar es que el discurso mostró- al decir de ese gran hombre de la radio, Oscar Luis López- las tendencias políticas, económicas e ideológicas que incidieron en la formación de nuestra República,
b) curiosamente en su palabrería melosa no se dirigió a la familia cubana, porque indudablemente no era su objetivo, aún cuando en nuestro territorio se estaba inaugurando la radiodifusión,
c) en sus palabrejas, intencionalmente, quiso menospreciar nada menos que a nuestros mambises, dejando ver que sin intervención yanqui no hubiera sido posible la derrota de la colonia española, es decir, no le habló al pueblo norteamericano de los enormes sacrificios que, a golpe de machete, coraje e increíbles sacrificios por la patria habían consumado nuestras tropas,
d) inaudito comprobar cómo manifestaba agradecimiento por aquella declaración de que “nuestro pueblo era libre y de derecho debía ser libre”, y ya sabemos qué clase de libertad disfrutábamos entonces.
Ojalá que esta demostración te haya resultado útil, porque mi intención ha sido esa. Gracias .
“…un gigante que intentaba ponernos la bota encima en su afán de engullir mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar”. José Martí, refiriéndose a EE.UU. en su ensayo Nuestra América.


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