El desenfreno de los opulentos
Aunque leamos decenas y decenas de informaciones, ello no implica que cada vez más se renueve nuestro insulto al comprobar el espanto que produce conocer de tanta injusticia en el mundo; siendo una de sus caras más malvadas el hambre que padecen tantos seres humanos a consecuencia de una loca carrera de los poderosos por continuar amasando miles de millones de dólares a costa del sufrimiento.


José Martí aseguró que la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida. Tengo en cuenta este principio martiano para evocar hoy la vida y la obra de quién fue un admirador de su existencia y un continuador suyo, el Comandante en Jefe Fidel Castro, en ocasión de cumplirse este 25 de noviembre el quinto aniversario de su desaparición física.
Presidiendo el Consejo de Seguridad de la ONU, propuso: “Creación de un plan mundial de fraternidad y bienestar para garantizar una vida digna a 750 millones de personas que sobreviven con menos de 2 dólares diarios”; para ello “contribución voluntaria anual del 4% de las fortunas de las mil personas más ricas del planeta.
Siempre que escuchamos a la orquesta Aragón, dicho acto se nos convierte en una ceremonia de culto a esa raíz de patria que nos une.
De una parte las figuras que ya nos tienen acostumbrados a exhibir, como si fuera una gran virtud, su desvergüenza sin límites atacando sin piedad a los de su propia tierra desde el propio norte revuelto y brutal, solo para recibir favores del imperio.