Es un mal congénito
Que viene de muy lejos, de allá cuando un “elegido” le arrancaba la vida a un indio cumpliendo un designio divino porque lo veía tal si fuera un animal que le entorpecía sus anhelos de dominación y grandeza; también tiempo de tabernas con mucho whisky y pistolas donde estaba autorizado matar porque el sheriff del pueblo era el principal bandido.


El imperio no conoce límites en sus desmanes por imponer a toda costa el injusto mundo en el cual los únicos beneficiarios serían ellos, obviamente. Hoy, sin duda alguna, mantienen a esta humanidad al borde de una catástrofe sin posibilidades de recuperación.
Como estadista curtido, el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, sobresalió por su sentido de la urgencia y del diálogo. Esas virtudes las demostró con creces en las tres reuniones sostenidas en junio de 1961 con importantes artistas y escritores en la Biblioteca Nacional José Martí.
La frustración del gobierno de Donald Trump crece por días ante las enormes dificultades internas, económicas, políticas y sanitarias; el resultado de las encuestas que favorecen al Partido Demócrata, a cinco meses de las elecciones presidenciales, y los fracasos por impedir el incremento de la colaboración médica de Cuba con el mundo.
Claro que sí, porque sería tonto aplicar curita de esparadrapo a una gran herida de bala, cuando lo que realmente se necesitaría es una profunda y compleja intervención quirúrgica para eliminar la posibilidad de la muerte; intervención, naturalmente, que necesariamente pasará por peligros y sufrimientos pero imprescindibles para lograr que el paciente vuelva a la vida.