El secuestro de GARCÍA MÁRQUEZ (y otras memorias del fuego)
Los vi llorar frente al diablo que ardía, frente a las aguas. Él era un compositor barbadense, ella una bailarina nórdica. Los había entrevistado en mis andanzas en la Fiesta del Fuego. Lágrimas frente a las chispas, el último día. Esa imagen era el símbolo perfecto del Festival del Caribe: la mixtura, el encuentro de culturas, las raíces del mundo.


Manuel Ramírez Heras
A los héroes, el tiempo los envuelve en un halo de grandeza que parece quitarles su carácter humano, y entonces comienzan a difuminarse en el hilo de la lejanía o de la perfección.
A veces tiene que sujetarse porque la trama la hace flamear, la envuelve. Siempre halla el tono justo para la narración, más hay sacudimientos que la recorren, intensa, lentamente. Sin ir más lejos: grababa hace poco una obra sobre
¿Cómo se dibuja un jab con la voz? ¿Cómo anidar un gol en la red, un golazo, sin haber pisado la grama? ¿Cómo se levanta un país, todo un país, en un remate? Preguntémosle a Luis Alberto Izquierdo Valdés. Él tiene la respuesta. Él puede.